Citas textuales

No fue un inocente espectador

(Cristóbal) Astorquiza no es una víctima casual, por más que ante los ojos de la Justicia, Carabineros y los medios se haya planteado como un inocente espectador agredido sin razón alguna. En su relato -al igual que en el de los jugadores- magnificó y dramatizó la insólita y vergonzosa acción del futbolista audino (Sebastián Pol). Y, lo que es peor, exigió penas y sanciones sin asumir sus propias culpas. No es ni será el primer hincha que provoca esperando una reacción, por el simple placer de hacerlo: el partido ya estaba terminado con aplastante superioridad para su equipo. Tampoco es un fenómeno exclusivo de San Carlos de Apoquindo, por más que todos sepamos que las características del recinto se prestan -por cercanía a la cancha y falta de resguardos (¿no había manga en otros tiempos?)- para que los energúmenos se noten aún más.

Aldo Schiapacasse en El Mercurio comentando la agresión del jugador Sebastián Pol a un espectador, Cristóbal Astorquiza, quien lo insultó y escupió al terminar el partido entre la UC y Audax Italiano.


Hitchcock, el acosador

(Alfred) Hitchcock vio a (Tippi) Hedren en un anuncio de televisión y decidió contar con ella en Los Pájaros y en Marnie, la ladrona (1964). Pero su interés en la actriz pronto se volvió una obsesión. Hedren asegura que una vez se abalanzó sobre ella e intentó besarla en su limusina. "Fue horrible, un momento horrible", escribe la actriz, que explica que no dijo nada a nadie porque en la década de los sesenta no se hablaba del acoso sexual. Además, añade que en el estudio habrían creído la versión del director: "¿Quién de los dos era más valioso para ellos, él o yo?"

Tippi Hedren en el adelanto de sus memorias, según el diario Post, hablando del famoso director que la lanzó al estrellato con el film Los Pájaros hace más de medio siglo.


Ojo con Hillary

Los peligros de la presidencia de Hillary Clinton son más familiares que las incertidumbres autoritarias de Trump, pues ya están enraizados en la política de Estados Unidos. Se trata de los peligros de analizar todo desde la perspectiva del grupo de élite, de rendirse ante las estructuras de poder, de dar culto a acciones presidenciales al servicio de ideales dudosos. Son los peligros de una imprudencia y radicalismo que no se reconocen como tales, porque se tiene como convicción que si una idea se ajusta a los conceptos establecidos y está generalizada entre los personajes grandes y buenos, entonces no es posible que sea una locura.
Casi todas las crisis de los últimos 15 años tienen su origen en este tipo de locura. La Guerra de Irak, que la izquierda prefiere recordar como un conjuro neoconservador, en realidad fue obra de un consenso intervencionista de dos partidos, con gran apoyo de George W. Bush, pero al que también se adhirió una gran proporción de personas de centro izquierda, como Tony Blair y más de la mitad de los demócratas del senado en Washington.

Comentarista Ross Douthat en The New York Times advirtiendo contra los eventuales peligros de un gobierno de la candidata demócrata.