Citas textuales

Epitafio para una carrera política

No hay duda: la vida política de Longueira ha terminado. El mismo Longueira que fue presidente designado de la federación de estudiantes de la Universidad de Chile en la dictadura. El mismo Longueira que comandó, en 1986, una turba para atacar a Ted Kennedy cuando vino a Chile. El mismo que, dos años más tarde, comandó otra turba para amedrentar a los nuevos dirigentes elegidos en RN. El mismo al que se le apareció Jaime Guzmán. El mismo que como ministro de Piñera desactivó la agenda procompetitividad que elaboró Fontaine. Ese Longueira. El diputado, el senador y el precandidato presidencial. El político al que "no le gustaba la política". Muchos le reconocen su capacidad, inteligencia y liderazgo. De ello, pocas dudas caben. Pero a estas alturas poco importa

Francisco José Covarrubias en El Mercurio. El autor es ingeniero Comercial UC. Magister en Ciencia Política UC y Master of Arts en Economía Universidad de Navarra. Decano de la Facultad de Artes Liberales Universidad Adolfo Ibáñez.


Sin miedo al escrutinio de sus actos

En lo personal, como cualquier ciudadano, enfrentaré con dignidad y fuerza interior el escrutinio de mis actos como parlamentario, ministro de Estado y dirigente del partido que contribuí a formar y a sostener en el tiempo. Creo que el hecho de ser político no debe implicar ningún privilegio, pero tampoco el hecho de serlo debe constituir una carga o gravamen adicional, porque ello alejará de la actividad pública a las nuevas generaciones. A pesar de las adversidades y de los errores, la política sigue siendo una actividad noble y un camino de servicio a nuestros semejantes

Pablo Longueira Montes 31 de enero de 2016


Legislación demasiado permisiva

Nuestra legislación vigente, y por herencia de la dictadura, es demasiado permisiva, garantista, como si fuera delitos comunes, pero estos son delitos de lesa humanidad

Alberto Rodríguez, vicepresidente de la Corporación Villa Grimaldi, durante un acto organizado por la Corporación Tres y Cuatro Álamos, que lleva el nombre de dos centros de detención y tortura operados por la DINA.


Púdicos cubos de madera

Para no incomodar a su huésped, el presidente de Irán, Hasan Rohani, de visita oficial en Roma, el Gobierno italiano mandó enfundar las estatuas griegas y romanas de los Museos Capitolinos —entre ellas, una célebre copia de Praxíteles— en púdicos cubos de madera. Y, añadiendo a la estupidez un poco de ridículo, la jefa de protocolo hizo desplazar los atriles y los sillones donde iban a conversar el primer ministro Matteo Renzi y su invitado, a fin de que éste no tuviera que topar nunca su mirada con los abultados testículos del caballo que monta Marco Aurelio en la única estatua ecuestre de la sala Esedra de aquel palacio museístico. Ni qué decir que en las cenas y agasajos que ofrecieron sus anfitriones al presidente Rohani quedaron abolidos el vino y todas las otras bebidas alcohólicas. Por lo visto, la razón de ser de tanto celo fueron los 17.000 millones de euros en contratos que firmaron el mandatario iraní y el ejército de empresarios que lo acompañaba, inyección de inversiones que viene muy bien a la maltratada economía italiana.

Mario Vargas Llosa.