Citas textuales

Inocultable vocación totalitaria

Hugo Chávez dejó una profunda huella en Venezuela, en América Latina y, en menor medida, más allá de nuestra región. A su haber cuenta colocar el tema de la inclusión y de la justicia social en el centro de la política. Las mayorías desposeídas de su país, postergadas perennemente por la ceguera y la corrupción de la política tradicional, sintieron su gobierno como suyo y le dieron su apoyo hasta el final. Lamentablemente, la cuenta del debe es bastante más abultada: Chávez tenía una inocultable vocación autoritaria y personalista; concentró todos los poderes constitucionales; cultivó megalómanas proyecciones internacionalistas, y socavó seriamente la democracia y el Estado de derecho. Sus obras sociales se financiaron merced a los altísimos precios del petróleo y a costa de hipotecar los ingresos futuros de la nación. Su embelesamiento con el régimen cubano y con la figura de Fidel Castro, de quien se sentía heredero, rayaba en la sumisión.

José Zalaquett. La Tercera.


Desvanecimiento paulatino del chavismo

La importancia de Chávez en el concierto latinoamericano puede ser distinta de la que hoy imaginamos. No es improbable que sus seguidores logren retener el poder con Maduro -por incompetencia de la actual oposición venezolana-, pero parece inevitable el desvanecimiento paulatino del chavismo en Venezuela, pues su ingrediente esencial es un personalismo irreemplazable. La trascendencia negativa del fenómeno, sin embargo, puede ser considerable. Él dio las recetas completas al continente para controlar férreamente el poder, una vez alcanzadas las primeras victorias electorales. Y frente a esta democracia vaciada de contenido y devenida en totalitarismo práctico, en diferentes niveles y rigores, América Latina se ve poco preparada, aferrada a instrumentos retóricos, mientras un Estados Unidos impotente ante el síndrome chavista se limita a seguir traficando petróleo, en medio de batallas puramente verbales.

Editorial de El Mercurio, 6 de marzo.


Polarizador, sectario y agresivo

… el ejercicio del gobierno, con un estilo polarizador, sectario y agresivo con sus adversarios, generó la división del país en prácticamente dos grandes sectores: el chavismo, a secas, y la oposición democrática. Poco a poco el oficialismo tomó formas y contenidos de izquierda, muy influenciado por Fidel Castro y su hermano Raúl, para tornarse definitivamente en una corriente abiertamente anti norteamericana en lo externo y adversa a los principios del libre mercado, la competencia y a la libre empresa.

Comentario editorial de El Universal. Caracas 7 de marzo de 2013


En la senda de Perón

Contrariamente a la suposición generalizada en los medios de prensa internacionales de que Chávez fue el heredero político del otrora líder guerrillero de Cuba, Fidel Castro, es muy posible que el difunto Presidente venezolano pase a la historia como un fenómeno político más cercano al del hombre fuerte argentino Juan Domingo Perón.

Lo mismo que Perón, Chávez fue un oficial de las fuerzas armadas y un maquinador de golpes de Estado que coqueteó primero con el fascismo, luego se inclinó a la izquierda, y una vez en el poder dio millones a los pobres gracias a un boom mundial de los precios de las materias primas, lo cual lo distinguió de presidentes venezolanos anteriores que solamente habían hecho promesas vacías a las masas empobrecidas del país.

Y, lo mismo que Perón, Chávez era un narcisista -en una ocasión usó 489 veces la palabra "yo" en un mismo discurso, el 15 de enero de 2011- que creó a su alrededor un culto a la personalidad y que impulsivamente regaló miles de millones de dólares en su país y en el extranjero, sin rendición de cuentas alguna, a expensas de destruir las instituciones de su país y gran parte de su economía.

Andrés Oppenheimer en El Nuevo Heraldo, Miami.


Una revolución cada vez más radical

Aunque Chávez fue un hombre de las urnas, que supo ejercitar la política a través de las fórmulas democráticas, sin violencia, para perpetuarse en el poder, creo que él y su círculo sí pensaban ser los elegidos para crear y prolongar una revolución cada vez más radical que debía seguir gobernando.

Jon Lee Anderson en La Segunda