Elecciones 2016: clamor por votación electrónica

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Cuatrocientas sesenta mil personas cambiadas de domicilio “porque si”. Intento fallido de Ley exprés para “solucionarlo” (subyace la pregunta de ¿por qué ocurrió?). Y la pregunta recurrente es: ¿por qué no votar electrónica y remotamente?.

Estonia es el primer país del mundo donde se implementó la votación electrónica remota (desde computadores personales y celulares) como alternativa a la votación física. Claro es un país con menos de un millón de votantes y de ellos, el 15% usó el sistema electrónico remoto en el 2010. USA y Venezuela utilizaron sistemas electrónicos pero en locales de votación, que han sido muy cuestionados. En USA se detectaron problemas en la votación del año 2000 en Florida (dada la forma física del voto, habría hecho que muchos votaran por un candidato, creyendo que votaban por otro), habría facilitado la victoria de Bush sobre Gore. En Venezuela hay quienes insisten en que el triunfo de Maduro fue viciado, aunque todas las auditorias mostraron que el triunfo era legítimo.

Los beneficios de un sistema electrónico y remoto son variados, aparte de la comodidad para muchos, permite que personas enfermas y recién operadas puedan votar. También permite que quienes están lejos (nacional o internacionalmente) puedan ejercer el derecho a sufragio. Y para quienes no dispongan de Internet, basta con una cantidad menor de locales de votación que pueden ser provistos por las propias municipalidades (la mayoría ya cuenta con suficientes computadores para las pruebas electrónicas de conocimientos teóricos para obtener licencia de conductor). Y eso sin contar con la mayor facilidad para buscar y votar por quién se desea votar (vi una foto de un supuesto voto para concejales de Maipú, y era casi de un metro cuadrado). Incluso facilita la votación de personas con algunas limitaciones físicas o mentales al tener un voto que puede ser más simple y sencillo de entender.

Los peligros son conocidos, y el más temido es la posibilidad de que ocurra un fraude electoral. Se sostiene que en una votación “en urna” los apoderados de mesa/local de votación pueden verificar la no ocurrencia de fraudes, dando así las garantías a los candidatos. Claro que eso requiere que todos los locales tengan apoderados atentos y vigilantes (cuando me tocó ser vocal de mesa, apenas vi a los apoderados, quienes sólo se manifestaron para opinar sobre la anulación o no de los votos). Enumero a continuación los problemas que más he escuchado/leído en contra del voto electrónico remoto:

El problema básico, sigue siendo el mismo: padrón electoral y cómo garantizar la máxima de una persona (vivo, ciudadano, habilitado) igual a un voto. Y que ese voto sea libre, informado y no coaccionado. Como siempre existen formas de burlar los controles (“hecha la ley, hecha la trampa”), la pregunta es dónde deben colocarse esos controles. El principio actual es que debe ser el Estado el que lo garantice, pero en rigor, es necesario que sean los ciudadanos quienes así lo entiendan y crean. Resulta curioso (al menos) que estemos de acuerdo en permitirle a alguien votar para elegir a nuestros gobernantes pero, al mismo tiempo, albergar dudas si lo hace “en conciencia” o por algún interés “inaceptable”. Más aún, cuando se sabe que hay muchos que votan por “el amigo que después los podría apitutar” (y eso parece aceptable a nuestro sistema).

El segundo problema, sería la aparición de votos fraudulentos (votantes muertos o no habilitados), nuevamente, porque el padrón electoral no es todo lo confiable que debiera (menos ahora, con los cambios de domicilio). Siendo un convencido de que la inscripción automática es una buena idea, creo válido pedir que quienes quieran ejercer electrónica y remotamente el voto, tengan que hacer el trámite para inscribirlo así y tener un certificado digital con vigencia hasta después del proceso eleccionario.

El tercer problema más recurrido, tiene que ver con el “acarreo”, maniobra que harían algunos candidatos de llevar gente de “fuera de su comuna” a votar por ellos. En lo personal, no me parece un problema. En el mundo actual, es habitual que un ciudadano tenga legítimos intereses en diferentes comunas (en mi caso: San Miguel, Santiago, Providencia, Maipú) dados domicilio, trabajo, intereses comerciales o personales. Y no veo razón por la que tenga que estar previamente limitado a votar en una comuna específica, ni por qué no puedo votar por alcalde en una y concejal en otra.

Hoy estamos cada vez más acostumbrados a operar electrónicamente: pagos de cuentas, transferencias, declaraciones de impuestos, trámites (creación de empresas en un día) y a la vez, valoramos más el tiempo que ahorramos al no hacer esas acciones de manera presencial. Confiamos en “la nube” para casi todo. Entonces: ¿por qué no confiar para votar?

Vuelvo a una reflexión anterior: si creemos en permitir que alguien opine sobre quién debe ser el nuevo gobernante del país, no es consistente con “forzarlo” a elegir bajo nuestros criterios. Mal que mal, hoy como país estamos haciendo un esfuerzo constante en mejorar los niveles educacionales (educación básica, media y superior) y el acceso amplio a dicha educación. Seguir tratando al votante como “tontito” al que hay que llevar de la mano casi todo el camino de la votación, no tiene sentido.