8.3 ¿cómo si nada?

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

El terremoto del pasado 16 de septiembre, “nos pilló confesados”… O al menos eso parece.

No sé si ya estamos “curados de espanto”, o hemos desarrollado una mejor “cultura sísmica”, pero hay varios hechos que destacar.

El primero, es que un terremoto de esa magnitud afecta mucho y a mucha gente. No hay que minimizarlo ni ignorarlo.

En segundo término, hacer presente que la mayoría de los proveedores de servicios tecnología, estuvieron a la altura de las circunstancias. Por supuesto que hubo interrupción de servicios básicos en las zonas más afectadas, pero a diferencia del terremoto de 2010, y aunque se sintió (y se siente) en gran parte del país, la mayoría de nosotros no hemos visto afectados nuestros servicios (electricidad, agua potable, telefonía fija y de celular).

Por otra parte, vimos como la mayor parte de la gente, si se podía comunicar, por supuesto que en la hora posterior al sismo (y en muchos casos, después de las réplicas de mayor consideración) las redes de telefonía colapsaron. No es extraño, todos los servicios de comunicaciones, están diseñados sobre la base de que en la mayoría de los casos, el porcentaje de utilización es mínimo (en algunos casos, del orden del 10% o menos), pero llega una situación especial como ésta y todos buscan comunicarse.

La estrella del día, sin duda fue WhatsApp (o Wazap como se le conoce popularmente), el sistema de mensajería de mayor penetración en Chile. Aún quienes no se sienten cómodos escribiendo en los teclados de los smartphones, usaron la opción de mandar mensaje de voz para comunicarse con sus seres queridos (algunas conversaciones, parecían sacadas de “walkie-talkies”). Hay que agregar que algunas compañías respondieron muy correctamente, habilitando celulares que estaban cortados por falta de pago y/o dando la opción de enviar mensajes SMS gratuitos.

Mucha gente ha sufrido este nuevo “embate de la naturaleza” (si, esta y otras frases ya han sido repetidas hasta el hartazgo), pero al menos, en lo que respecta a nuestros opciones tecnológicas, creo que se han reducido sufrimientos y ayudado a recobrar la tranquilidad.

Finalmente, hay que reconocer el uso de redes sociales como medios para canalizar ayudas a las zonas afectadas y como herramientas de coordinación entre los muchos voluntarios que, afortunadamente, aún demuestran que la solidaridad existe en nuestro país.

Un abrazo a la gente que sufrió el terremoto. Estamos con ustedes, tanto en la virtualidad, como en la realidad.