Redes sociales o de individualidades

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

La escena es típica, uno se sube al metro y ve a muchos jóvenes (y otros no tanto) ensimismados en sus celulares o tablets, leyendo, jugando o chateando. Es menos típico, pero cada vez más común ver esa escena en paraderos del transantiago o en los mismos buses. Y siempre resulta un poco desconcertante.

No se trata de impedir la lectura (lo que antes fueron diarios o libros) ni forzar una conversación con la persona que toca al lado; pero al menos sería deseable tener una idea de viaje en sociedad, que la evasión al transantiago (sobre todo en buses) no encuentre a los pasajeros que SI pagamos, perdidos en sus celulares, sino que reaccionen, al menos con una mirada de rechazo al infractor. De poco sirven las campañas de “Aquí todos pagamos”, si todos vamos “en otra”.

La situación se repite en el metro, el mejor servicio de trenes de ciudad de América, según algún estudio publicado (¿en Internet? ¿será real o simple invento de las redes sociales?) donde cada vez es más común ver que en carros llenos, hay jóvenes sentados en asientos o el suelo, indolentes ante la situación de personas con movilidad reducida, o simplemente al hecho de que el carro está lleno.

Y ahora, se empieza a apreciar también en las calles. Es cada vez más común observar como en horarios de alta congestión, hay conductores que simplemente conducen infringiendo reglamentos y ley del tránsito, cruzando con luz roja, o impidiendo el paso de otros. Y si algún conductor afectado por la falta, reclama (o empapela en garabatos), el infractor se “escabulle” en su celular… Nunca lo he visto, pero no me extrañaría que en un futuro aparecieran imágenes en Instagram o FourSquare, de gente que se jacte de haber provocado un taco, y compitan por ver cuántos conductores fueron víctimas molestas de su accionar indebido. Si he visto más de un conductor que, resignado ante la infracción, descarga su ira en las redes sociales, a veces con ingenio (“Srs. de la calle XXX, nos quedó precioso el taco esta mañana”), a veces con el atávico garabato (“&%#!%&/&%*”). Y por supuesto, desde las veredas, muchos peatones reclaman contra los bocinazos del taco. Les obligan a levantar la vista y preguntarse si fueron ellos los que infringieron alguna norma.

Hay algo que está funcionando mal con las redes sociales. El antiguo reclamo o incluso el “empapelar” de insultos a alguien que en su infracción causaba problemas a los demás; tenía una componente social: la gente identificaba en el momento al malhechor y aún cuando no hubiese un carabinero o inspector en el lugar, capaz de cursar la correspondiente infracción, se producía un castigo social, muchas veces suficiente para que el infractor recapacitara. Hoy si ambos: infractor y víctima, se escabullen en las redes sociales, cada uno ante sus propios seguidores o conocidos, entonces sólo la presencia de un agente de autoridad (que siempre resultan escasos para estos menesteres) puede causar una diferencia.

Parece que hay que repensar la parte social de las redes sociales, hoy sirven más como redes de individualidades (algunas muy infladas, por el mero hecho de tener muchos seguidores).