Tecnología, Elecciones y Representatividad.

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Segunda vuelta electoral y, ya sea porque es una elección más simple (sólo presidencial y con sólo 2 candidatas) o por alta abstención, está resultando tan rápida, que algunos se burlan de los que llamábamos a la implantación de un sistema más electrónico (reclaman que no sería necesario ni aportaría mayormente).

Sin embargo, en esta elección presidencial, hay una alta abstención (ya en la primera vuelta, fue cercana al 50% y en esta segunda vuelta, podría crecer). Y surgen análisis que dicen que hay que volver al voto obligatorio (en la práctica, no lo fue, al menos desde los tiempos del presidente Lagos, cuando no se castigaba a los que no votaban, sólo a los que se negaban a ser vocales). Otros plantean que no ir a votar es una forma legítima de actuar en política (y sobre todo, hacen el burdo intento de contar a los no votantes, como partidarios propios). Incluso más allá de lo que ocurra con la abstención y la representatividad (incluyendo el manido "si alguien no va a votar, es porque acepta lo que otros decidan") hay un grupo que debe ser analizado más en detalle: los que van y votan en blanco o nulo (al momento de escribir esta columna, no tengo cifras, solo certeza de que hay quienes lo hicieron, que fueron, votaron y lo hicieron en blanco o nulo). Son la evidencia más fuerte de la crisis de representatividad política.

Creo que conviene preguntarse por qué es así. Y aunque ya hay quienes han aportado a este análisis, quizá ha llegado el momento de revisarlo más en el fondo. Hasta hace no mucho tiempo, lo habitual era que la identificación del individuo con su comunidad, ocurriera en un entorno geográfico como única opción: vecinos, familia y compañeros de trabajo, estaban reducidos fundamentalmente a la localidad donde habitaban. Cambiarse de ciudad (de región) significaba asumir un costo social de dejarlos y crear nuevos lazos. Pero, y como se ha señalado cada vez que se habla de voto electrónico y/o voto en el extranjero, en la actualidad la identificación es cada vez menos en función de la localización geográfica y más social. Cambiarse de ciudad/región, ya no es un problema (en lo personal, he votado varias veces en una comuna donde no vivo, porque tengo intereses relevantes: familiares o laborales en dichas comunas. De hecho, si pudiera tener voz y voto en todas las comunas donde tengo intereses, debiera votar en, al menos, 4 comunas diferentes con las que me relaciono constantemente). Más aún, hace poco, escuché un comentario interesante: no importa cuan "regionalista" sea un senador o diputado; las leyes se hacen para el estado unitario de Chile, no para una determinada región (a lo más, se ha estado hablando de feriados "regionales", los que para algunos son una verdadera tontera). Yendo un poco más lejos, varios liberales consideran que el concepto de "patria" ya está obsoleto. No se si se consideran "ciudadanos del mundo", pero no sienten identificación alguna sólo por un concepto geopolítico artificial; y no es tan raro, muchas de sus interacciones habituales, ocurren en Internet, con gente de todo el mundo...

¿Se debe seguir forzando esta identificación territorial?

Hay una razón ineludible a la hora de defender conceptos territoriales: las leyes deben ser válidas en espacios geográficos bien definidos, y donde tanto los ciudadanos como los encargados de hacer cumplir la ley, sepan que es aplicable (el viejo libreto de las series de televisión norteamericanas, donde la persecución de alta velocidad dura hasta que el perseguido es atrapado, o traspasa los límites del condado donde lo perseguían). Sin embargo, ese mismo libreto hace parecer poco seria, las normativas que son extremadamente locales. Por otra parte, una regla que puede ser razonable en un determinado territorio, no necesita ser extrapolada a otras partes. Probablemente, a ningún chileno, paraguayo o uruguayo, le gustaría que se extrapolara la situación policial actual de Argentina. Y aunque sé de varios que esperan que la legalización uruguaya de la marihuana, sea seguida por estos lares; también sé de otros que esperan que eso nunca pase.

La crítica estándar al concepto de legislación local, es que poco importa cuanto me relacione e identifique localmente, la gran mayoría de los reglamentos, leyes y normativas, van a ser generados en un contexto más general. Un senador o un diputado discute y aprueba leyes de carácter nacional. Un alcalde tiene que estar en sintonía con sus vecinos antes de proponer cambios al plano regulador (y en el caso de los alcaldes de partes de grandes ciudades como Santiago, poca opinión se les escucha en temas como el transporte de la ciudad -transantiago- o la instalación y mantención de hospitales)

¿Y qué pasa con la identificación social?

La crítica más recurrente a la identificación territorial, es que hay una mucho más fuerte: social. Le pasa a muchos chilenos en el exterior, que aún sin poder venir a Chile por largos períodos, si mantienen una estrecha relación con el país (por ejemplo, en intercambio comercial o por relaciones familiares) y no les resulta indiferente quien gobierna (nacional, regional o localmente) ni quienes hacen, discuten y/o aprueban leyes.

No sólo eso, hoy muchos apuestan a reunir fuerzas virtuales (¿para que hacer una marcha, si se puede hacer una solicitud electrónica?) para intentar influir en quienes nos gobiernan. Y esas fuerzas virtuales, por mucho que propongan un cambio en un espacio específico, llegan desde todas partes. Es el equivalente a las marchas que se hacen en el paseo Ahumada (centro de Santiago) en relación a causas mapuche radicadas en Temuco, o por las centrales hidroeléctricas de Aysén o termoeléctricas del norte... Con la ventaja (al menos para quienes tenemos que estar cerca, por razones laborales) de no tener que escuchar las molestas vuvuzelas...

La crítica en contra a este proceso, es precisamente: ¿qué tiene que opinar aquél que no está "donde las papas queman"? pero si las leyes tienen carácter nacional, también opinan los senadores y diputados de todas las regiones o distritos que no tienen relación con el tema específico.

Y claro, un punto no menor, es que hay países que consideran que lo más razonable y prudente es ir a imponerle sus leyes a otros, sea por vías políticas, comerciales o, derechamente, militares.

Hoy, que se plantea la necesidad de una Asamblea Constituyente (en lo personal, creo que aún pasará más tiempo para que sea una realidad, pero me sumo a la necesidad) creo que es importante ver como la tecnología nos ha cambiado muchas de las definiciones que antes dábamos por buenas, sin discusión:

  • ¿es necesario nacer/tener padres/estar en Chile para ser un chileno que puede elegir o ser elegido?
  • ¿es necesario cumplir un requisito de edad para elegir o ser elegido? ¿puede ser diferente según el cargo?
  • ¿es Chile un estado unitario, donde las leyes deben ser las mismas para todos los chilenos?
  • ¿pueden existir leyes que afecten a sólo una comunidad?
  • ¿debe mantenerse esta artificial (política) división territorial?
  • ¿puede llegar cualquiera a opinar sobre nuestras leyes, reglas o normas?
  • ¿debo estar presente para participar en un proceso eleccionario?
  • ¿puedo tener una opinión más precisa sobre temas que me afectan? o ¿sólo puedo seleccionar entre uno de los candidatos presentes para que me "representen"?
  • ¿tiene sentido contar con leyes locales? ¿qué pasa cuando alguien infringió y escapó del lugar donde se debía cumplir esa ley y ahora está en un lugar donde esa ley no tiene valides?
  • ¿puede existir una ley que sólo afecte a una comunidad social (no local) específica? ¿quiénes son los llamados a controlar su cumplimiento?
  • ¿qué se requiere para imponer una ley a toda una comunidad? ¿es un asunto porcentual?

En lo personal, no me gustaría tener un "gobierno por feisbuk (sic)", donde se hacen realidad las leyes que reciben más "likes" (me gusta); o un gobierno "tuiter (sic)" donde nos concentremos en los temas "trending topic" y discutamos en 140 caracteres, por un rato y luego cambiemos de tema... Pero también es cierto que cualquier intento de democracia, debe buscar hacer realidad eso del "gobierno de la gente, para la gente y por la gente" es decir, ser (y tener) representatividad de aquellos que son gobernados...

No es un tema fácil. Ni siquiera la sesgada visión desde la tecnología ayuda. Pero es necesario plantearlo...