Monstruos de bolsillo, liberados…

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Pokemon (acrónimo del japonés “Poketto Monsutā” o Monstruos de Bolsillo) debe ser una de las sagas de juegos más exitosas de la historia. No es posible pensar otra cosa, un simple “videojuego” creado por Nintendo en 1996, no sólo tiene varias versiones (incluso para distintos tipos de consolas de Nintendo) y sagas alternativas (spin offs) del juego, también evolucionó en una serie de televisión (que incluye películas), revistas (entiendo que sólo en Japón y USA) y un juego de cartas coleccionables. Y aunque no ha estado exenta de problemas (en 1997, en un episodio había un rápido cambio de colores rojos y azules que provocaron convulsiones en más de 600 niños japoneses) sigue vigente y con seguidores de casi todas las edades.

La historia no puede ser más simple, en un mundo similar al nuestro, hay pokemones silvestres, que si pierden un combate, pueden ser capturados en pokebolas. Los que salen a buscarlos, se van transformando en “maestros pokemones” y entrenan a estos pokemones (aquí ya son casi mascotas) para ir a pelear contra los pokemones de otros maestros. Un equipo especial (similar a un celular) llamado pokedex es capaz de identificar un pokemon al momento de fotografiarlo, y entrega información sobre sus capacidades (ataque, defensa) y nivel. Luego de una buena cantidad de combates ganados, un pokemon “evoluciona” en sus formas más poderosas (son 3 estados en total). El objetivo es tan simple como tener la mayor cantidad de pokemones, en sus estados más poderosos. De eso transcurren los juegos y la serie (cuyo punto alto, según algunos, son los villanos de opereta que en vez de recurrir al simple proceso de atrapar pokemones, quieren robarlos ya capturados).

Era sólo cuestión de tiempo, para que este videojuego traspasara el umbral a los celulares, y bajo la modalidad de realidad aumentada, es decir, usando el celular para “seguir” y “ver” los pokemones que están “ocultos” en nuestro entorno.

La idea tiene sus fanáticos (“por fin salen nuevamente a jugar al patio”) y sus detractores (“ni siquiera miran por dónde van”), y aunque efectivamente ha habido accidentes fatales, también se han contado anécdotas simpáticas, como la de los muchachos que luego de instalar el juego (los primeros días se podía en todo el mundo, hoy dado el éxito han necesitado dividirlo geográficamente para soportar la cantidad de usuarios) salieron a buscar pokemones tarde en la noche, los vecinos se asustaron de ver “vagos con celulares tomando fotos a sus casas” y llamaron a la policía, luego de muchas explicaciones, se habría entendido que era sólo un juego “inocente” y les dejaron ir, no sin antes recomendarles “que para la próxima manifestación les lancen pokebolas en vez de piedras”. Otra historia contaba que un señora acude a abrir la puerta y encuentra a un par de niños (chica y chico) que le explican que según el juego hay un “pikachu” (uno de los personajes emblemáticos de la serie de televisión) en el patio y solicitan permiso de para entrar a capturarlo, la mujer se emociona, se ve reflejada en la inocencia y esperanza de la niña… y da un portazo, instala el juego y sale al patio a capturar a Pikachu… Dicen que también el ejército de USA ha usado el juego como “gancho” publicitario “si quieres capturar pokemones por todo el mundo, ven con nosotros y te llevaremos”.

Pero sin dudarlo, uno de los usos más inesperados de este juego, ha surgido de la mente de quienes intentan sensibilizar por los niños en Siria y otros países con conflictos armados, las fotos de esos niños, con “pokemones” a su alrededor y mensajes del tipo “ven a salvarme” han llegado a las redes sociales con ese fin, y desde allí se difunden a otros medios.

Hay quienes esperan que otras series igualmente (o más) exitosas también lleguen a los celulares, el día que se pueda instalar un “radar del dragón” para buscar las siete bolas cual DragonBall y se pueda uno encontrar con algunos de sus personajes (Goku, Vegeta, Piccolo) terminarán de salir de sus cuartos los videojugadores. Claro que lo difícil, sobre todo con la cantidad de jugadores adultos involucrados, será “que se entren antes de que oscurezca y tengan cuidado con los autos