Lo mejor y lo peor de nosotros mismos…

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

O como las redes sociales nos mostraron frente a la catástrofe y la adversidad.

Cuando se declaró el gran incendio de Valparaíso, lo primero que ocurrió, fue que las redes sociales informaron, con mayor o menor certeza de lo que estaba pasando. En tiempo real y compitiendo con la televisión, uno podía mantenerse al tanto de los focos de fuego, los lugares que más riesgo sufrían o la multitud de héroes anónimos, algunos con uniforme de carabineros, otros con uniformes de bomberos, y muchos sin uniformes.

Luego vino una segunda parte, la búsqueda de formas de ayudar, la identificación de lugares de acopio, las necesidades reales (a muchos les costó dimensionar el problema de las pérdidas totales en Valparaíso) y junto con ello, la aparición de pensamientos de dudosa ética (por ejemplo, alguien sugiriendo que al donar la ropa, podían hacer espacio en el armario para la ropa de la nueva temporada)

Luego aparecieron los “paparazzi” de las tragedias, los que buscaban a los famosos y los fotografiaban en sus labores como voluntarios. Así fotografiaron a algunos políticos y actores y también los que se dedicaban al rescate de mascotas… Y por supuesto, quienes quisieron pasar a la posteridad gracias a la tragedia, como la chica que se tomó una foto posando de manera “sexy” frente a las brasas del incendio, y que primero fue ridiculizada por su pretensión y luego fue editada en múltiples fotos en las que claramente, se reían de su aparente indolencia ante la tragedia (si incluso se vio una foto donde aparece en medio de la crucifixión de Cristo).

Pero lo más impresionante, es la forma en que Chile se volcó a ayudar a Valparaíso. Muchos voluntarios, desde distintas partes del país, se movilizaron para ayudar. Al punto que desbordaron una ciudad que no estaba en condiciones de procesar toda la ayuda que llegaba por la emergencia. Aunque hubo algunas explicaciones atendibles (no ayuda mucho, el que estorba en el trabajo de maquinaria pesada para la remoción de escombros) lo cierto es que probablemente si habían muchas tareas que se podrían haber coordinado y ejecutado gracias a los voluntarios. Pero claro, tenerlos esperando todo un día, tan sólo para registrarlos como tal, no demuestra mucho interés en recibir ayuda.

Alguien, en las redes sociales, lo tiró como chiste, pero quizá sea el momento de pensarlo en serio. Chile ha sufrido varias tragedias en el último tiempo, y claramente de manera más frecuente de lo que nos gustaría. Pero en todos los casos, hay que ayudar a volver a levantar nuestro país; y aunque lo puso en práctica en su momento Felipe Cubillos, con el desafío “Levantemos Chile”; parece ser el momento en que se cree el Ministerio de la Reconstrucción, integrada entre otras, por la ONEMI; y que desde allí se coordinen todas las actividades de voluntarios, tanto para enfrentar la emergencia, como para seguir el proceso de reconstrucción posterior. No todas las emergencias son tan terribles como un terremoto o un incendio; menos con las características de los últimos; pero siempre hay distintos grados de emergencia (incendios, inundaciones, etc) que requieren de un planteamiento más formal y que coordine mejor todos los esfuerzos propuestos para ir en ayuda de los conciudadanos afectados.