Mascotas Virtuales

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Un grupo de alumnos memoristas, plantea como opción de trabajo de titulación, tomar una “app” de mascotas virtuales desarrollada en China, para hacerla más usable en nuestra cultura chilena. La primera pregunta que me hice al ver esa propuesta, era respecto de cuantas aplicaciones hay disponibles hoy, de ese tipo. Mirando la “tienda” virtual de Android (en relación a mi celular) noto que son cientos de aplicaciones las que hay disponibles… Pero lo que más me llama la atención, es que no sólo hay mascotas al estilo de “perrito virtual” o –lo que si esperaba encontrar- mascotas extrañas, al estilo de seres irreales, como los pokemones o derechamente dibujos con gran cantidad de expresiones que reflejan su estado de ánimo. No, lo que me llama la atención es que hay verdaderos “bebés” virtuales, algunos que –en la misma tienda- parten desde la “ecografía” antes de nacer, hasta que el hijo o hija crece…

Recordaba que en la navidad pasada, los “furbys” habían sido noticia, con padres desesperados buscando al juguete que sus hijos les habían pedido. También recuerdo los “tamagotchi”, esos llaveros que tenían un dibujo pixelado (es decir dibujado con cuadrados) de algo parecido a un gatito. En ambos casos, los juguetes tenían una historia parecida, había quienes se preocupaban mucho por ellos, y otros que desesperaban aguantando hasta que las baterías de los juguetes se terminaban y dejaban de oír los “llantos virtuales”.

Es cierto que una “app” de celular es mucho más fácil de desinstalar y eliminar del celular. Pero sigue estando presente la necesidad de algunos de llenar ese espacio ausente (un “amigo fiel”) usando elementos virtuales. Es curioso sobre todo, si pensamos en lo poco que generalmente duran las baterías de los smartphones…

Pero una “app” con un “bebé virtual” me resulta mucho más estremecedora. Son “customizables” (Ud. elige si quiere un niño o niña, el color de piel, de ojos, de pelo). Dependiendo de “cómo los alimente” si serán gorditos o flacos, más o menos deportistas, etc.

No pocos argumentarán que es mucho menos dramático desinstalar una “app”, que abandonar a un perrito en la calle… La pregunta que queda, es si los que instalan los bebés virtuales tienen un pensamiento parecido (“hago un intento de ser padre, virtualmente, y si no resulta, lo elimino y espero hacerlo mejor con otro después”). Es esa idea de lo desechable, del “volver a intentarlo después”. la que me deja un sabor amargo en la boca, idea que se sigue infiltrando en nuestra cultura.

Y claro, no deja de ser notable, que en algunos comentarios de las “apps” de bebés virtuales, aparezcan avisos de cuidadores de párvulos… ¿será la nueva forma de publicidad no deseada?