Inconsistencias legales, malditas inconsistencias legales...Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez Esta semana, Internet estaba de fiesta. En el Diario Oficial se había publicado ¡al fin! la ley de neutralidad de la red. En pocas palabras, se establecen principios fundamentales para garantizar que no habrá un “gran hermano” vigilando lo que hacemos en Internet. La idea es que la red (y particularmente sus proveedores) es neutral respecto de los contenidos y cada uno responde por sus propias acciones. Si ud comete algún tipo de delito, el único responsable es usted, no su proveedor de Internet, (e imagino que tampoco el dueño del cibercafé en caso que corresponda) ellos no necesitan (ni deben) estar mirando por encima de su hombro lo que Ud. está haciendo, para garantizar que sea todo “aceptable” a las políticas locales. Entre otras, garantiza que los proveedores: “No podrán arbitrariamente bloquear, interferir, discriminar, entorpecer ni restringir el derecho de cualquier usuario de Internet para utilizar, enviar, recibir u ofrecer cualquier contenido, aplicación o servicio legal a través de Internet, así como cualquier otro tipo de actividad o uso legal realizado a través de la red. En este sentido, deberán ofrecer a cada usuario un servicio de acceso a Internet o de conectividad al proveedor de acceso a Internet, según corresponda, que no distinga arbitrariamente contenidos, aplicaciones o servicios, basados en la fuente de origen o propiedad de éstos, habida cuenta de las distintas configuraciones de la conexión a Internet según el contrato vigente con los usuarios.” También garantizan que Ud. es libre de utilizar su conexión como mejor le plazca: “(los proveedores) No podrán limitar el derecho de un usuario a incorporar o utilizar cualquier clase de instrumentos, dispositivos o aparatos en la red, siempre que sean legales y que los mismos no dañen o perjudiquen la red o la calidad del servicio.” Hasta ahí todo bien... ¿por qué entonces el título sobre inconsistencias??? Porque un grupo de senadores decidió que tanta neutralidad no es buena. Los senadores Carlos Bianchi, Camilo Escalona y Pedro Muñoz creen que hay que controlar a los denominados “trolls” de Internet, aquellos que amparándose en el anonimato, emiten declaraciones polémicas u ofensivas contra el honor de los demás (para ejemplo, véanse algunas de las clásicas peleas entre los comentaristas de los blogs) y para ello establecen responsabilidades civiles por los daños y perjuicios que provoquen. Hasta aquí, no hay contradicción alguna, la neutralidad de la red no es incompatible con la responsabilidad personal. Pero el problema ocurre precisamente con los denominados “trolls”. No actúan a cara descubierta, no insultan firmando con nombre, apellido y RUT. Lo hacen desde el anonimato que la red permite. Bastan pocos instantes para crear una cuenta de correo y con eso se superan la mayoría de los controles; aún cuando nunca más se revise esa casilla... Es por ello que nuestros buenos senadores, han considerado apropiado incluir en la norma, la indicación que establece: “en los casos en que no pueda determinarse quién es el autor material de dicha acción, la responsabilidad recaerá en los administradores de los respectivos sitios”. Es cierto que un administrador de un sitio, no es un proveedor de Internet. Pero, y como otros ya han hecho notar: si en radio, televisión e incluso en los comentarios de las películas, colocan un aviso acerca de que las “opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente a la opinión de la emisora o productora” aún cuando los que emiten las opiniones son invitados expresamente por ellos, resulta imposible pensar que los administradores de los sitios pueden controlar -de manera razonable- a los que opinan en sus sitios y mucho menos a los trolls. Peor aún, cuando un sitio podría estar sujeto a múltiples regulaciones (por ejemplo, y como dijeron en twitter: “un sitio administrado desde España, que se aloja en servidores de Estados Unidos, para un dominio .CL”) Los ciberciudadanos, entendemos el problema de los trolls. Aquellos que siempre hemos opinado con nombre y apellido reales, aborrecemos a quienes se ocultan bajo un seudónimo simplón y una cuenta de correo Hotmail (de buzón constantemente lleno) para lanzar insultos y amenazas a destajo. Aquellos que nos hemos esforzado por informarnos lo mejor posible antes de opinar (quizá no siempre con el éxito esperado) tendemos a frustrarnos cuando nos discuten desde la ignorancia; y aunque en principio es peor cuando se observan las características del troll (discute sin fundamento, con insultos y escondido en un seudónimo rimbombante) al final aprendemos que la única acción posible, es ignorar al troll... Algunos, después de un tiempo, han aprendido que ser troll no los lleva a ninguna parte (otros son demasiado porfiados). Por supuesto, este es sólo un proyecto. Aún falta mucho para que se transforme (si llega a ocurrir) en ley... Y aparece cada troll (en foros o correos electrónicos) que hace desear una herramienta legal para combatirlos. Pero resulta un poco desalentador que esta propuesta se presente en la misma semana en que se publicó la esperada ley de neutralidad de la red.
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