El despertar de IMAX

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

El cine es un arte, el séptimo según muchos. Y como toda experiencia artística, es válido darle valores agregados que permitan que los espectadores disfruten de mejor manera la experiencia.

Y eso hace IMAX. En una sala más grande que las habituales, con una pantalla más grande que la tradicional, y con unos lentes 3D mejores y más cómodos que los normales, ofrece una experiencia de inmersión en la película. Un detalle asociado, es que al ser una pantalla más grande, los asientos también quedan mejor separados. Al punto en que no es difícil ignorar a la persona que, estando sentada a tus pies, no puede evitar estar “chateando” por celular durante casi toda la película.

He visto varias películas en 3D, en algunas efectivamente hay una mejora notoria de la experiencia cinematográfica (un conocido, aseguraba que lo único que podía justificar ver la película Avatar, era verla en 3D), en otras resulta muy agotador (las peleas en Avengers 2: Age of Ultron, resultaban agotadoras en 3D). Pero IMAX es otra cosa.

En mi caso, fue Star Wars episodio 7: El despertar de la fuerza. No haré comentarios sobre la historia (quienes aún no la han visto, merecen disfrutarla sin comentarios que arruinen los giros de la historia). El 3D de Imax resulta notoriamente superior, al punto que algunos llegamos a pensar que el viejo destructor estelar imperial nos podría “sacar un ojo” cuando lo estábamos viendo de frente.

No se si el 3D de IMAX realmente sirve bien para todas las películas. Aún creo que en escenas de mucha acción, cualquier 3D puede resultar agotador… Sin embargo, y en particular en películas de ficción espacial, el 3D de IMAX es imbatible.

Definitivamente, este despertar de IMAX, resulta un despertar de mucha fuerza.