Humanitaristas Digitales

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Es difícil que alguien no se haya enterado del gran terremoto en el Tíbet a fines de Abril. Muchos pudimos observar la gran cantidad de imágenes sobre los efectos de la catástrofe, y no pocos oyeron hablar del uso de “drones” para detectar personas atrapadas, cuantificar daños y poder precisar los lugares donde ir a ayudar primero.

Un primer tema es ese de los “drones”, forma coloquial para referirse a vehículos aéreos no tripulados y que la mayoría de nosotros asociamos –en el último tiempo- a los cuadrópteros (vehículos de cuatro hélices) que son controlados desde tierra, de manera similar a los antiguos aviones a control remoto, pero usando cámaras de alta definición y transmisión local a celulares. Aunque en su origen, la palabra “dron” viene del inglés para “zángano” (aludiendo a la forma de algunos de los primero vehículos de este tipo) hoy se ha generalizado su uso en español, y quizá de manera menos estricta, algunos tienden a hablar de drones por aquellos vehículos con control remoto por parte de humanos, y mantenemos la denominación anterior de vehículo aéreo no tripulado (VANT o UAV en inglés) para distinguirlos de aquellos que son programados para ir a un determinado lugar y ejecutar algunas acciones específicas, programación que en general se hace a partir de la información disponible gracias a los GPS. Y mientras los primeros (controlados remotamente por un humano) en general tienen grandes restricciones de distancia; los segundos, (programados por GPS) tienen gran autonomía.

Así, y hasta donde yo entiendo, en el Tíbet se desplegaron VANTs que recorrieron rápidamente todo el territorio y en pocas horas acumularon decenas de miles de fotos de los efectos del terremoto. Pero la pregunta es: ¿quién se encarga de procesar toda esa información?. Yo calculo decenas (o centenas) de miles de fotos, pero desplegando VANTs se puede llegar a tener varios millones de ellas, y aunque tienen información de geolocalización (la posición del VANT cuando se sacó la foto) su análisis no es trivial. Antes de continuar, agreguemos un detalle no menor: antes era común usar las fotos satelitales, sin embargo, esas fotos tienen limitaciones de calidad. Sin embargo, un VANT equipado con una cámara de alta definición (y una cantidad no menor de memoria en tarjetas microSD como las que tenemos en nuestros celulares) obtiene fotografías de muy alta resolución.

Entonces, el tema es ¿quién o quiénes procesan toda esta gran cantidad de información? una respuesta son los Humanitaristas Digitales, personas como Ud. o como yo, que quisiéramos ayudar, contamos con algún tiempo que podríamos donar a una causa así, y además tenemos una buena conexión a Internet. De esta manera, al inscribirse en sitios como micromappers.org, se tiene acceso a una parte de toda esta información acumulada y uno ayuda, desde la comodidad de su hogar, a catalogarla para identificar los contenidos de las fotografías.

Antes que se asuste pensando en que uno podría cometer algún error y que eso podría ser fatal para alguien atrapado, le cuento que ese riesgo ya se analizó. Se sabe que las personas nos fijamos en distintos aspectos de una imagen y que tenemos distintos criterios, por lo cual, las fotos deben ser analizadas por un mínimo de 5 voluntarios diferentes. Y claro, demás está decir, de que la gran mayoría de las fotos no aporta realmente mucha información (campos y otros lugares que permanecen) pero que igual es bueno que sean analizadas por algún humano.

Un último detalle, es que entiendo que la gente de micromappers (y otros proyectos hermanos) están interactuando con la ONU y la Cruz Roja internacional. Ellos entregan la información, para que sean los estados y los organismos internacionales, los que puedan tomar decisiones mejor informadas respecto de dónde canalizar la ayuda.

Es un proyecto interesante, humanitario. La próxima vez que haya una catástrofe y Ud pueda donar algunos minutos de su tiempo ayudando, considérelo. Podría salvar vidas.