Tiempo de emprendedores.

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

A poco de iniciarse el nuevo semestre académico, la Universidad me solicita dictar un curso-taller de emprendimiento.

Es más que necesario, en la actualidad, se estima que la gran mayoría de las empresas (y por tanto de las fuentes de trabajo) corresponden a emprendimientos de tipo PYME, es decir pequeñas, medianas y micro empresas, la mayoría de ellas de índole familiar, y –lamentablemente- no pocas de ellas con existencias cortas. Y salvo contadas excepciones, toda gran empresa, fue inicialmente un emprendimiento más o menos pequeño.

Pero no sólo hay emprendimientos comerciales, también está creciendo el emprendimiento social, cuyos resultados no se miden no sólo en un flujo de caja (el que siempre es necesario para garantizar la continuidad del proyecto), sino en cuanto a resultados requeridos por una parte de la comunidad. Ejemplos como el recientemente premiado proyecto de “Down Mosaico” (venta de mosaicos fabricados por personas con Síndrome de Down) propuesto por jóvenes estudiantes de enseñanza media, demuestran que la sociedad está empezando a entregar las herramientas para que ideas innovadoras, puedan ser ejecutadas, llevando así, soluciones cargadas de un espíritu social.

Por supuesto, casi todos los emprendimientos, tienen un soporte fundamental en la tecnología. Usar adecuadamente las redes sociales para permitir dar a conocer los proyectos y lograr el ansiado crecimiento, hasta alcanzar el grado de madurez que permita darle continuidad al proyecto, es un “deber ser” de los emprendedores. Esa debe ser una de las principales razones de porque los emprendimientos más conocidos, a la larga, están desarrollados por jóvenes que dominan las tecnologías y que no cometen los múltiples errores que tenemos muchos de los mayores (principalmente, saturando de mensajes a quienes podrían ser nuestros nuevos aliados en el proyecto).

Es un desafío interesante, y quizá muchos de nosotros podríamos hacer este tipo de talleres, aunque claro, lo principal, es saber reconocer los errores que cometemos, poder explicarlos y ayudar a que los otros no pasen por los mismos problemas.

Una última reflexión a esta columna, que será una de las primeras en el curso. Mucho se ha hablado esta semana, de cómo empresas y empresarios “dan” trabajo a los chilenos. Esa expresión (de dádiva) me produce un gran malestar. Ninguna empresa, ningún emprendimiento, “da” trabajo. Lo que toda empresa hace, es contratar el desarrollo de una actividad (sea puntual o permanente) bajo la premisa de que sus resultados serán vendidos a terceros (los clientes) a mayor precio que el contratado (la utilidad del negocio) o al menos, liberarán los recursos humanos con los que cuenta la empresa, para que se dediquen a hacer actividades más productivas.

Ese es el deber ser de toda empresa: generar utilidades que permitan mantenerse y crecer en el tiempo. Lo demás, como decía alguien por ahí “es mera poesía”.