El rol del editor

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

El pasado miércoles 31 de marzo, fui invitado por la Universidad UNIACC, a participar de una mesa redonda sobre el papel del editor en los medios electrónicos.

Mis aportes al panel, fueron desde una perspectiva informática y desde la de editor “de facto” de estas y otras páginas. Y sirvió para contrastar la perspectiva periodística de los otros dos panelistas (de mucho mayor peso, obviamente).

En mi aproximación al tema, me centré en hacer notar las diferencias que observo entre medios digitales (soportados tecnológicamente) versus los medios tradicionales.

La primera diferencia, aunque parezca obvia, está dada por el concepto del espacio. Un medio tradicional, tiene limitaciones de espacio, no sólo porque tiene un tamaño dado, sino porque el espacio tiene otros significados: dónde se coloque una noticia en un periódico, mostrará la importancia de la noticia, al igual que el espacio relativo que se le otorgue. El que la noticia sea el titular principal de la portada o uno de los titulares secundiarios, es diferente a que esté “perdida” en el interior de una página. En cambio, en la mayoría de los medios digitales, no hay límite real de espacio. El autor de la información (u opinión) puede extenderse con cierta libertad (por ejemplo, mi única preocupación en esta columna, es no aburrir a los lectores). Queda claro, el problema de la importancia relativa, pero se enfrenta diferente. En general, toda noticia que esté “pasado el primer pantallazo”, es de menor importancia que las que están a la primera mano.

Siguiendo con el concepto del espacio, hay un segundo aspecto propio de los medios tradicionales, particularmente los impresos: Cada usuario es libre de escoger su proceso de lectura (e incluso cambiarlo cada vez). Es perfectamente posible que dos usuarios, frente al mismo medio, usen dos procesos totalmente diferentes (uno partirá por deportes, otro por política, y un tercero por la tira cómica o el horóscopo), y eso es perfectamente natural, pero además es posible, porque los medios impresos el usuario sabe dónde encontrar lo que le interesa. Algo similar ocurre en medios como radio o televisión, dónde los usuarios conocen el formato y pueden saltarse algunas secciones (o interrumpir antes la atención). La gran mayoría de los medios digitales, no cuentan con esa ventaja. En general, cada usuario del medio digital (pese a la hipertextualidad que marca a los medios digitales) deben seguir el rumbo trazado: vaya a la portada, seleccione, revise contenidos. Incluso en medios dónde hay videos o sonidos (la mayor parte de las veces, resultado no deseado de la revisión del medio) simplemente hay que, observarlo completo si es de interés, o cerrarlo (por ejemplo, quienes revisan medios digitales desde el trabajo) ignorándolo completamente.

Un segundo aspecto relevante, viene de la ausencia de “ediciones”. Para los periodistas esto significa poco tiempo para “decantar” una noticia, pero desde la perspectiva informática, hay una segunda lectura: simplemente es un flujo constante, no se detiene nunca, y por lo tanto, la desconexión del usuario (programada o no) significa perderse ese flujo. En el último tiempo, es claro que los medios están apostando a tecnologías accesorias, por ejemplo “twitter” como mecanismo para avisar a los usuarios que hay una nota nueva.. Pero se vuelve invasivo, al punto que aparece, en algunos usuarios una “angustia” por estar al día, la necesidad de estar conectados a las redes sociales (twitter, facebook) en cualquier lugar posible... y en medio de cualquier actividad, incluso las más privadas. (Is social media better than sex?). Uno de los panelistas mencionaba que, a partir de los medios digitales, ya no hay “pausa” en el trabajo del editor, es constante. Y que la hora de mayor actividad, es la primera hora de la mañana, cuando llega a trabajar y necesita “ponerse al día”.

Otro aspecto destacado, aparece con la interactividad. El que los usuarios puedan aportar al medio, tanto con opiniones en directo, o como parte de los revisores de la información, notando errores, o incluso como fuentes de información preliminar. Sin embargo, el panel coincidió en la necesidad de confirmar las informaciones que se reciben por estos medios. El peligro del anonimato de los usuarios de la web, simplifica el que por error, broma o mala intención se envíe informaciones incorrectas o mal documentadas.

Un último aspecto a destacar (para no extender demasiado la columna) está en la permanencia de la información. Un medio impreso, permanece mientras el medio físico esté disponible. Un medio digital puede cambiar e incluso desaparecer al día siguiente. Lo primero puede no parecer del todo mal. Si una información es incorrecta, entonces es deseable que se corrija... Pero si alguien necesita demostrar que tomó una mala decisión, a partir de dicha información, y se encuentra con que ha sido corregida, y que no queda traza de la actualización, entonces hay un problema.

Desde la perspectiva periodística, son labores clásicas del editor: “confeccionar la pauta”, “vigilar la línea editorial”, “cuidar el estilo y redacción” y “alentar la originalidad y atractivo del material”; pero en mi opinión, en los medios electrónicos, también es labor del editor (y quizá la más importante), el mantener la confianza del público, de que lo que se está entregando, tiene una permanencia y será encontrado en un futuro. Aunque no haya noticia más añeja, que la del diario de ayer, el poder recuperar dicha noticia y dar pie para que en uno, diez o mil años alguien pueda recuperar la historia, es una necesidad presente y futura.

Dos datos extras, y fuera de programa, aunque este texto está inspirado en lo acontecido en el panel, al momento de redactarlo para ser publicado, aparecen dos temas más que son propios de los medios electrónicos. El primero, es que según un estudio de medios en USA, el 52% de los bloggers se considera a si mismo, un “periodista; así de simple, así de sencillo. La segunda, es que estos “periodistas” tienen la tendencia a tomar noticias de la red y reproducirla en sus sitios como propias; si bien recordaba haber leído la noticia acerca de las actividades en las cuales los jóvenes en USA están dispuestos a ser interrumpidos, no esperaba que al googlearla, me aparecieran diversas fuentes “originales” de la misma noticia. Eso, además, sumado a los sitios “de recopilación”, que con el soporte de las redes sociales, simplemente republican información, permitiendo que se llegue al enlace que “un usuario consideró original”, es decir, sitios donde el usuario final (todos nosotros) se transforman en editores y controladores de la pauta (la versión extrema del “ranking de lectoría”).