De libros y eBooks

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Uno de los momentos dolorosos, para quienes somos fervientes amantes de la lectura y constantemente compramos libros, es aquél en que nos damos cuenta que nuestro espacio físico (necesario para almacenar los libros) es insuficiente y hay que decretar la desvinculación de algunos de ellos.

Hace algunas semanas le ocurrió a mi colección de la enciclopedia Salvat-Monitor (de finales de los 70s) hoy superada completamente por Internet. Y esta semana le ocurrió a algunos libros "bonitos", en particular a un ejemplar donde hay cerca de 200 fotografìas aéreas, tomadas desde un "avión ultraligero" en los cielos de Perú. La decisión se tomó antes de almuerzo un día en la semana, por lo que aproveché de hojearlo descuidadamente mientras comía, pero rápidamente cautivó mi atención al contrastarlo con lo que hoy podemos encontrar en internet, particularmente Google Maps (no incluiré los mapas del iPhone, ya que ahí no es fácil distinguir entre errores técnicos y -por ejemplo- las líneas de nazca).

La primera gran diferencia, surge de un fotógrafo que, con visión artística, decide que quiere mostrar y publicar. No un mero satélite sacando fotos "en el momento en que iba pasando por ahí" donde más importa que la fotografìa sea actualizada (lo que hay ahora) y no las condiciones de luz que hacen destacar los hermosos colores de las salinas, juegos de luces y sombras sobre Machu Pichu (completamente diferentes a las fotografías tradicionales) o la curiosa ¿y cuidadosa? distribución de botes pesqueros en alguna playa.

La segunda diferencia, ocurre porque las fotografías están colocadas al arbitrio del editor, sin que haya descubierto el principio de ordenamiento que usó. A momentos están en el sur, en la página siguiente en el norte, y no salvo las agrupaciones por ciudades (por ejemplo Lima o Cuzco) no se sabe que vendrá en la página siguiente. Claro, ahí echo de menos el mapa de Google, que me ayudaría a orientarme en la -para mi, desconocida- geografía del Perú.

Y la tercera, es que es un libro grande, con cierto peso, que claramente uno no puede andar llevando por ahí, como si se puede trasladar una tablet, tal como demuestran muchos lectores de eBooks en el metro de Santiago.

¿Podría, este libro, estar en un medio digital o soportado por el mismo Google Maps? Por supuesto, y quizá exista la versión eBook, pero para muchos (y lo comentaba en la feria de anticuarios y libreros de Providencia) el acto de tomar un libro físico y hojearlo, nunca podrá ser reemplazado por un "deslizar el dedo sobre la pantalla de un tablet". Al menos no, mientras no se invente un sistema que simule el tomar "una cantidad indeterminada de hojas (que no es lo mismo que al azar) y abrir ahí el libro" Así como no es lo mismo ponerse a ver un gran conjunto de fotografías digitales (aún usando un proyector) que tomar un antiguo álbum de fotos familiares, donde en una o dos imágenes se plasmó un momento de la vida y en 20 páginas, una vida entera.

Incluso en el acto formal de tener que decirle adios a un libro, porque el espacio apremia y es necesario para otros libros, nos permite recordarlos, observarlos y aprovechar para conversarlos con la familia... Y luego darle a otras personas la posibilidad de hacerlo.

Alguien me comentó una vez: ¡qué triste es que los libros mueran en un librero, sin ser compartidos o vueltos a leer! Creo que es más probable que mueran de soledad dentro de una tablet, cuando algún virus asesino obligue a reformatearla, el libro físico, siempre podrá pasar a otras manos que los vuelvan a apreciar.