Dinero Plástico.

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Septiembre de 2014, pocos días antes de nuestra celebración de la independencia (casi 5 días de festejos, considerando que el miércoles, siendo día hábil, casi nadie trabajó), varios bancos hacen llegar a sus clientes un aviso: “Asegúrese de tener dinero suficiente para estas fiestas patrias, es posible que los cajeros automáticos no tengan suficiente dinero para soportar la demanda de los usuarios”. De manera curiosamente coincidente (sea o no culpa de la gran llamarada solar) durante el fin de semana previo a fiestas patrias, todo tipo de locales, incluyendo los mega-super-mercados (cuánta hipérbole) que se supone que tienen sistemas de comunicación de alto nivel, presentaron fallas en sus sistemas de pago Red-Compra y tarjetas de crédito.

La conclusión de los hechos, fue evidente: mucha gente sacando dinero de cajeros automáticos durante el fin de semana del 13 y 14 de septiembre, y muchos cajeros sin dinero ese mismo fin de semana. El lunes, la situación empeoró, la alimentación desde los bancos a los cajeros, priorizó ciertos sectores (reconocidos popularmente como los sectores de la “gente linda”, es decir, niveles socioeconómicos altos) dejando a otros sectores claramente desprovistos. Lunes y martes, se podían recorrer comunas como Maipú, sin encontrar un cajero automático con dinero disponible. Martes y miércoles, mucha gente estuvo mucho tiempo en los bancos, esperando para poder retirar fondos, sobre todo los necesarios aguinaldos. La situación recordaba la rutina del cómico Jorge Alís: en bancos grandes, donde hay 4 o 5 cajas existentes, hay sólo una caja habilitada, una cajera estresada y una fila de clientes que, de larga, sale hasta la calle.

No nos engañemos, la idea del dinero plástico (tarjetas de crédito y débito) es altamente funcional al gobierno (que tiene un respaldo electrónico de cada una de nuestras transacciones, reduciendo mercados negros) y a los bancos (que se ahorran un dineral importante al tener muchos menos cajeros humanos, no tener horario continuado de atención, etc.)

Algunos seguidores de teorías de conspiración, imaginaron una suerte de “gallito” entre los bancos y el gobierno (ya que se han anunciado fuertes multas a los bancos que no dispongan todas las medidas de seguridad que deben tener los cajeros automáticos). Otros nos recuerdan que todas las multas que les cursen a los bancos, las terminaremos pagando sus clientes, por medio de pagos de comisiones, seguros, etc. Viendo las ganancias publicadas por la banca en la primera mitad del año (¿influirá la reducción de casi 1000 cajeros automáticos en el mismo periodo?), quizá sería bueno que empezaran a darnos –a los clientes- algún premio real por permitirles ganar todo lo que ganan.

Alguien me dijo, que alguna vez, los bancos ofrecieron verdaderos incentivos a sus clientes, por ejemplo, pagar comisiones por saldos en cuentas corrientes… En la actualidad, y como cliente por más de 20 años de mi banco, los beneficios se traducen en llamadas ofreciéndome seguros y servicios que no he pedido, pero que recibo “por ser un cliente fiel” (lo escribo y pienso: suena mal, casi a “cliente estúpido”).

En 1929, cuando producto de la especulación bursátil, la gente quiso sacar su dinero, provocó la quiebra de muchos bancos. Lo de esta semana, estuvo aún lejos de llegar a ese extremo (en parte gracias a las fondas y el ambiente dieciochero), pero si los bancos sólo creen que premiar a sus buenos clientes es encontrar formas creativas de sacarles dinero; y no se aplican en asegurar que cuando uno quiere (o necesita) gastar el dinero propio, el sistema esté disponible, parece creíble pensar que la gente podría terminar de “mosquearse” y empezar a buscar formas alternativas al manejo del dinero.

Ya hubo algún intento de crear emprendimientos competitivos a Transbank y Redbanc. En ese momento, los bancos contraatacaron asegurando que sus sistemas eran tan buenos, eficaces, eficientes y oportunos, que no se necesitaba competencia.

Por ahora me permite hacer una sugerencia práctica de premiación a los clientes del banco: en vez de seguir mandando y mandando publicidad, les sugiero un sistema web, asociado a la cuenta corriente: Cada vez que el cliente lea uno de los avisos electrónicos, se le premia con $100; si además contesta correctamente un test de comprensión de lectura asociado al aviso, entonces se le premia con $200 adicionales. Así, al menos, sabremos que ganamos algo real, cada vez que nos quieren ofrecer algún mecanismo adicional para obtener nuestro dinero, en vez de tener que regalarles nuestro tiempo para sus llamadas telefónicas publicitarias, y pagar esas llamadas con nuestras comisiones por manejo de fondos. Les ofrezco la idea (pueden pagarme una pequeña comisión por ella).