Democracia Electrónica.

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Una vez más, el país se enfrenta a un proceso eleccionario. Y por supuesto, aparecen los "costos" que hay que pagar por estar en democracia: un día dedicado a la votación; establecimientos que deben ser "entregados" temporalmente al proceso electoral; ciudadanos que deberán dedicar su día a la actividad de vocal de mesa (al presidente le toca ir después al colegio electoral) y que esta vez tendrá un reconocimiento en dinero por $7.000 (si se considera un promedio de 4 vocales en 33000 mesas, son casi mil millones, aunque se debe reducir gracias a las multas a los que no se presentan); ciudadanos interesados en participar del proceso, que deberán viajar -en un día que habitualmente tiene menos locomoción- desde distintas partes del país, por estar temporalmente ubicados en otra ciudad (sin olvidar el caso de Chaiten). Algunos comerciantes sacan sus propias cuentas respecto del movimiento del día (menor que el habitual, al menos en la mañana) y no pocos se lamentan de la "ley seca" que acompaña al proceso.

Y una vez más, algunos cuestionamos el proceso, pues creemos que se podría simplificar la vida de muchos ciudadanos, si se implementara un sistema de votación electrónica. Más aún, se podría perfeccionar la democracia, al proveer posibilidades reales de que se hagan más consultas a la ciudadanía respecto de temas relevantes.

La principal crítica contra el sistema electrónico, es: ¿quién garantiza la trasparencia? El sistema presencial ha sido perfeccionado en el tiempo, para minimizar las posibilidades de fraude y aún así no está exento de dificultades. Pero un sistema electrónico no implicaría partir de cero. Mal que mal, ya se ha acumulado mucha experiencia en los sistemas de seguridad para el Servicio de Impuestos Internos o las transferencias bancarias (tarjetas de códigos o digipass mediante).

Respecto del correcto almacenamiento de datos (y evitar que delincuentes informáticos modifiquen los votos emitidos); el proceso podría ser similar al proceso manual, con el agregado de que es posible generar respaldos confiables (con códigos de verificación) que aseguren que los datos siguen siendo los que corresponden. Eso se puede almacenar en unidades no modificables (CD, DVD) y entregar a distintos actores políticos (incluso con entregas intermedias, a distintas horas, para confirmar la continuidad de los datos).

Al final, incluso podría ser posible implementar en el sistema, un módulo de consulta, que permita al ciudadano, verificar que su voto sigue siendo el que emitió originalmente. Claro que eso atentaría contra el secreto del voto, al existir un modo de publicarlo... Y aquí debo agregar que aunque entiendo la necesidad del secreto del voto; creo que demuestra muy claramente lo mucho que nos falta para poder ser considerados "civilizados".