¿Qué pasó con las carreteras?

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Recuerdo cuando aparecieron las carreteras concesionadas, como se hablaba del gran avance que significarían a los ciudadanos, los múltiples beneficios, el aumento de pasos a desnivel que reducirían los accidentes, el mejor control de quienes subirían a las carreteras (evitando peatones, ciclistas o animales en vías destinadas a una circulación rápida).

En mi recuerdo práctico, la primera carretera concesionada, fue la autopista del sol, que tuvo –al menos en un sector- un desarrollo paralelo a la entonces “ruta 78” que une a Santiago con el litoral central, específicamente el puerto de San Antonio.

Luego (y puede que mi recuerdo sea demasiado centralista) vinieron las autopistas “del TAG”, la Autopista Central (ruta 5 o panamericana según la edad de quien la mencione), los arreglos a Vespucio (donde aún queda pendiente Vespucio Oriente, para unir Vespucio Norte con Vespucio Sur, en la zona tradicionalmente llamada “Avenida Ossa”) y por supuesto las Costaneras (primero la norte y ahora la sur, en ambas riberas del rio Mapocho). El concepto del “TAG” parecía ser la solución esperada por todos los que viajamos por carretera: el “free flow” parecía ser la solución a todos los problemas vividos en los pasos de Angostura, o en las carreteras a Valparaíso/Viña o a San Antonio…

Pero no fue así.

Aunque todas las carreteras “del TAG” se pusieron de acuerdo en el uso de un único equipo (tarea que no fue fácil, y que al menos al inicio, requirió una fuerte inversión del Estado comprando los TAGs que se iban a repartir a los vehículos) quedó en evidencia que las carreteras y peajes previos al TAG se quedaron fuera del sistema. Hasta hoy, seguimos viendo en las noticias (y los menos afortunados lo viven en carne propia) los tacos (embotellamientos) que se producen en distintos puntos de acceso a Santiago.

Cuando quise hacer un viaje a Valparaíso, descubrí que se podía hacer un convenio con la Autopista Central, y pasar usando TAG en los peajes de la ruta 68. Pero toda mi alegría desapareció al ver que para hacerlo (y pese a toda la información de cobros que aseguran será entregada al cliente) hay que tener PAC (Pago Automático de Cuentas) contratado en Autopista Central. Una restricción no sólo innecesaria, sino que de sumo sospechosa (toda vez que los servicios de atención a los clientes, han decaído cada vez más en todas las empresas de servicios).

Por otra parte, la Autopista del Sol (ruta 78), así como la ruta 5 (panamericana) y otras, se quedaron fuera del TAG, simplemente, hay que llegar a un peaje, hacer la fila (que en el caso del paso Angostura, puede llegar a requerir horas). En el caso de la ruta 78, se puede comprar una tarjeta de prepago, y supuestamente- al pasar por la caseta “sólo tarjetas”, el proceso es mucho más rápido (cierto) y uno puede ver su saldo en el tótem que está al pasar la caseta (lo que muchas veces NO funciona). Después de varias pasadas sin poder ver el saldo, se me ocurrió visitar la página de la Autopista, descubrí que tenían “zona de clientes” y erróneamente supuse que allí habría un enlace que permitiera ver el saldo disponible. Descubrí que después de registrarme, los contenidos eran casi los mismos.

Por su parte, las carreteras con TAG, tampoco son un modelo de virtud. La gran mayoría, instala sus pórticos de cobro de los siguientes “n” kilómetros, justo antes de las salidas, de esta manera, se termina pagando bastante más por kilómetro de lo que dice el acuerdo entre las carreteras y el Estado.

Y por si fuera poco, la información del estado de carreteras, que antes estaba sincronizada y al día, hoy sólo puede ser vista en algunas redes sociales, y mejor informadas por los usuarios que sufren los problemas (vía Twitter o Facebook) que porque las empresas estén entregando información apropiada.

Parece que las carreteras del futuro, se quedaron pegadas en el pasado.