Bioinformática v/s computación afectiva…

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Continúo con mis cursos de Magíster en Ingeniería Informática. Este semestre tengo ramos “enfrentados”. Por una parte, uno donde estamos “peleando” con la BioInformática, la idea donde se reúnen los biólogos, los matemáticos y los informáticos, para tratar de determinar de manera definitiva, los secretos del ADN… (y otras formación celulares, sean proteínas, bacterias, etc).. Pero como dice el profesor, es casi imposible hacer una única definición es pocas palabras, es un área muy amplia, casi tanto como al informática, pero donde además convergen profesionales de muy diferentes intereses, lo que agrega un riesgo mayor de malos entendidos.

La manera de pensar que más frecuente en la Bioinformática, es la que los seres vivos somos máquinas donde nuestros genes determinan casi todo lo que nos ocurre.

Al otro lado, tengo el curso de “Computación Afectiva”, un curso que podría ser descrito usando como analogía, la película de Pixar: “Intensamente”. Los seres vivos (todos) reaccionan y toman decisiones basados en la emoción. Como plantea la película, son nuestros estados de ánimo (los cuales son ambiguos y de corta duración) los que nos lleva a tomar decisiones “menos racionales” de lo que nos gustaría. En este contexto se entiende que los seres vivos y en particular los seres humanos, no sólo no son máquinas, sino que además se pone en duda el uso dado al cerebro en cuanto almacén de recuerdos. Según lo indicado en el curso, aún después de situaciones donde una persona ha “perdido” sus recuerdos (algún accidente cerebral que arruinó algún subconjunto de neuronas) es posible volver a revivirlos si se hace el enlace adecuado.

Lo más interesante de la computación afectiva, es que en función de los estudios publicados por Paul Eckman (el ser humano real, en el que se basó la serie “miénteme” o “Lie to me” en su original en inglés) y que determinan que los músculos del rostro “traicionan” las emociones, mostrando (según sean los músculos en uso) y durante instantes muy cortos (se denominan “microexpresiones”), la emoción termina auto revelándose y puede ser detectada y determinada a ciencia cierta por –incluso- un computador.

Máquinas o emociones, lo cierto es que será un semestre interesante, y al final espero poder conciliar esas dos visiones de lo que pasa en la mente humana.