La historia de Tiziana…

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Tiziana Cantone, era una italiana normal, joven (31 años), usuaria de celular e internet como la gran mayoría y, lamentablemente para ella, ingenua respecto de las consecuencias de la tecnología. Esta historia no lleva el subtítulo de “los nombres fueron cambiados para proteger a los inocentes”, y lamentablemente aún se debate si ella fue inocente o en extremo ingenua (casi aplicaría el chilenismo más famoso de todos).

La historia es simple, tuvo un romance que terminó mal (hasta donde entiendo, el novio la dejó por otra) y ella, en la ceguera de la furia del despecho, no encontró nada mejor que enviar vía WhatsApp el al exnovio (y a algunas amigas) un video donde ella mantenía relaciones de sexo oral con un amante ocasional (al que no se le ve el rostro). Digo ceguera, pues no imaginó ni por un instante que alguno de los destinatarios reenviaría el video, hasta que llegó a las redes sociales, donde se viralizó. Raudamente se publicó y republicó en Twitter y Facebook, al punto que pasó a sitios web de contenido para adultos (derechamente pornográficos). Según consignan distintos sitios, ella no sólo sabía que el amante la estaba filmando, sino que además en el momento agradecía que lo hiciera (“Bravo”); y claro para peor, fue ella quien lo envió.

Dicen que en la calle la reconocían y le gritaban “Bravo”, por lo que tuvo que cambiarse de domicilio, e inició una batalla legal para que el video fuera eliminado de Internet… lamentablemente eso es fácil decirlo, pero no hacerlo. Aunque el tribunal le encontró razón al pedir la baja del video de distintos sitios, al ser ella consciente de la filmación y ser quien lo envió originalmente, el tribunal le ordenó el pago de 20.000 euros (aprox 15 millones de pesos) por gastos procesales.

En lo personal no me queda claro si fue víctima de una “venganza porno” o derechamente le salió mal su intento de llevarla a cabo. Pero nunca dimensionó el daño que podía recibir al enviar inicialmente ese video. Hoy en día hay múltiples videos “porno amateur” filmados por parejas que juran que “no enviarán nunca esos videos”, pero a la hora de la infidelidad o el abandono, la tentación de enviarlos parece que supera a muchos.

Tiziana decidió terminar con su propia vida. Simplemente no soportó la humillación pública (hasta se hicieron poleras con su “Bravo”). Creo que es un caso que debiera ser analizado en todos y cada uno de los colegios, al menos tanto como se ha analizado el mentado libro de la municipalidad de Santiago sobre consultas sexuales tratadas descarnadamente. Es una historia triste de la que todos debemos aprender. No es la primera (hace años, en Italia Carolina Picchio de 14 años sufrió una historia similar, aunque en ese caso, ella nunca supo de la grabación o publicación del video) y lamentablemente no será la última. Pero algo hay que hacer para que no se vuelva una situación común.