Ética Informática

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

En una semana plagada de discusiones éticas, tanto por el caso de Snowden o el de la menor llamada "Belén" (para proteger su identidad) y también en el caso de la forma en que se transmitió la información de la muerte del joven Benjamín Varas, lo común, es que los ingenieros en informática, lamentemos los sucesos, pero asumamos una actitud de autocomplacencia: "Menos mal que en informática, esas situaciones, no nos pasan".

Seamos claros, sabemos que cometemos errores, y que nuestros sistemas nunca llegan a estar "libres de defectos", pero asumimos que cualquier error que cometamos, puede ser corregido gracias a un "procedimiento administrativo" donde el usuario se dbe dar cuenta del error y, aún reclamando contra el programador, lo corrija y asuma la responsabilidad sobre el fondo de la información. Creemos que nuestros errores (en el entendido de situaciones involuntarias, no que tengan intencionalidad contra algo o alguien), no causan daño real a nadie.

Eso claro, hasta que aparecen noticias como la que publicó recientemente la BBC: la detección de un error informático en el sistema administrativo de la Oficina Postal del Reino Unido, que no sólo produjo los típicos problemas de "descuadre de caja", sino que además terminó con casi una centena de funcionarios, acusados por la pérdida de dinero, terminando con algunos encarcelados y otros que debieron reparar, de su bolsillo, la diferencia entre los valores disponibles en caja y que coincidían con el balance manual respecto de lo que arrojaba el sistema... Y no hablamos del juego de los "centavos" que ocurría en antiguas películas, sino de miles de libras esterlinas. Para muestra un botón, el caso, el de la subjefa Hamilton, que el año 2005 empezó a tener problemas, que llegaron a sumar treinta y seis mil libras esterlinas de descuadre (aprox 27 millones de pesos) por razones personales, prefirió declarse culpable del cargo que alega como falso y desde entonces está pagando esa deuda, Por su parte, la oficina postal, aseguraba la confiabilidad absoluta de su sistema.

Sin embargo, la constante aparición de diferencias, hizo necesario realizar una revisión detallada del sistema, la que finalmente concluyó con la demostración de que había "un bug" como se dice en jerga computacional.

Probablemente, después de tanto tiempo, no sea fácil identificar quien fue el que cometió el error, y -más importante aún- quien falló en el proceso de pruebas y no lo detectó. O quizá si lo detectó pero consideró que el costo de corregirlo, era mayor que el daño que se podía causar, Haga los cálculos, se habla de 100 casos graves en los pasados 7 u 8 años, en "números sin cara", son "apenas" 11 casos al año, y con un universo de 11.500 subjefes, estadísticamente parece muy poco...

Incluso debe ser muy difícil determinar si, entre tantos casos, hay algunos casos reales respecto de los que son producto del error. Pero, sin duda, los problemas que han vivido todos estos años, tanto los acusados falsamente como sus familias, van más allá de la cantidad de dinero que tuvieron que devolver, algunos perdieron viviendas, otros fueron a la carcel, todos perdieron su "buen nombre" y quizá cuantas tragedias personales sucedieron por esta razón...

Por eso, es una historia que debe ser transmitida en todas las escuelas de informática y programación. Nuestros errores SI pueden causar daños. Y algunos, llegan a ser irreparables.