Cuestión de honor.

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

En 1992, en la película "A few good men" (traducida como Cuestión de Honor) un joven abogado interpretado por Tom Cruise se enfrentaba judicialmente al veterano coronel interpretado por Jack Nicholson -ambas actuaciones sobresalientes- por la muerte de un marine en Guantánamo (mucho antes que fuera una prisión para talibanes) a raíz de un castigo inflingido por no acatar el código de honor de la institución. Los discursos de la película recuerdan algunos de los pasajes de "Los tres mosqueteros" de Alexandre Dumas (y Auguste Maquet), donde cualquier situación que comprometiera "el honor" debía ser satisfecha con un duelo a muerte, en la madrugada, atrás de alguna iglesia...

Cuán diferente hubieran sido las cosas si la Internet actual hubiese existido a principios de los 90s o a principios del siglo 17, el honor como ellos lo entendían, resulta incompatible con las nuevas tecnologías.

O al menos así parece, al ver la airada reacción de Mario Waissbluth frente al tuiteo de Adriana Barrientos, que además correspondía a una respuesta a una "broma" de Waissbluth... O el tuiter-suicidio (lamentablemente la academia no explicitó como tratar ese tecno/anglicismo) de Iván Valenzuela, porque no le gustaba la forma en que -según él- lo malinterpretaban ("los que pensaban que era de derecha lo interpretaban como comentario facho y los que pensaban que yo era de izquierda lo interpretaban como comentario comunista" dijo a Las Últimas Noticias).

Quizá acogiendo en parte la cuestión del honor, es que el reportaje del pasado domingo 30 de septiembre de Las Últimas Noticias, fue titulado "Twitter: el patio colegial donde nos odiamos bajo anonimato", si alguien "trolea" (es decir, actúa como "troll" molestando de forma odiosa) debería hacerlo desde el anonimato, lo contrario no parece "honorable"... Sin embargo, tanto en el caso de Iván Valenzuela, como en el de Ximena Ossandon (ambos casos recordados por el citado reportaje) la mayor parte de los mensajes no provenían de individuos anónimos, sino de gente que publican con su nombre y apellido. Personalmente, estoy entre los que "trolié" por el "sueldo reguleque"... Para que decir de Mario Waissbluth, Adriana Barrientos, Américo (troleando a "Los 80s") o los que troleamos a Américo por "perder el celular", como dijo cuando recibió respuesta al mensaje sobre "Los 80s"...

Comparto con Las Últimas Noticias, el que tuiter es parecido a un patio colegial. Algunos creen que es la limitación a 140 caracteres, la que reduce el nivel de argumentación a un mínimo insuficiente. Otros creen que simplemente el problema es la "edad mental" de los tuiteros, que no supera a los colegiales del primer ciclo básico. Mi percepción personal, es que es tal la cantidad de lo que se dice en este "patio" que la mayor parte de lo dicho simplemente no queda en ninguna memoria (Salvo la de tuiter y google, por supuesto). Y que -de la misma manera que ocurre en cualquier situación multitudinaria- una persona no necesita filtrar o medir la consecuencia de lo que va a decir; lo más probable es que no ocurra nada (o que sólo unos pocos cercanos se den por enterados, y lo olviden en instantes). Volviendo a la analogía del patio escolar, hay algunas cosas que se dirán y sacarán ronchas, e incluso iniciarán una pelea, pero que lo más probable, es que -al igual que el recreo- no dure más allá de unos pocos minutos. Uno de los 140 influyentes (como los denominó una empresa de telecomunicaciones, al citarlos a una cena para que se conocieran en persona) bajo su seudo anonimato de "@elquenoaporta" se encarga de recordarlo cada cierto tiempo, esta semana nos informaba del éxito de tuiter al lograr la liberación de Yoani Sanchez en Cuba y nos invitaba a continuar hasta que renunciara Castro...

Tuiter, Facebook, Tumblr, o la Internet en general, no es un espacio para estar "defendiendo el honor" ante cualquier provocación. Y menos si cualquier cosa le "pica" el honor (como parecen haber sufrido algunos de los tuiteros relacionados con la revista "ají verde", que no reaccionaron muy humorísticamente a los troleos en respuesta a los publicados por la revista, les devolvieron el #quenolespique y "picaron"). Y no sólo esos espacios, véase también casi cualquier foro de discusión, sean abiertos (google groups) o asociados a algún medio (por ejemplo, los de emol). Pero como dice un amigo, las cosas son como son, y no sacamos nada con lamentarnos porque no son como nos gustaría... Y en la guerra de troleos, nadie gana defendiendo el honor, cuando mucho el más troll tiene la última palabra (y el menos troll, si queda muy herido, pierde por tuiter-suicidio), porque a diferencia del colegio o las iglesias de Los Tres Mosqueteros, afortunadamente no hay espacio para pasar a una "satisfacción física del honor".

Quizá sería necesario un letrero de advertencia en los navegadores de Internet: "Zona de Troleo, cuidadosos del honor, abstenerse...". (seguro que algún candidato lo toma como plataforma).