Ciencia e Ingeniería…

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Habiendo iniciado hace poco, mi –muy retrasado- magíster en informática, uno de los profesores se encarga de hacernos presente la mayor complicación de la vida de un magíster en ingeniería informática: la dualidad entre ciencia e ingeniería.

La Ciencia se concentra en buscar soluciones teóricas a problemas que pueden o no, ser del mundo real. La ciencia no busca una solución práctica, sino que presentar aquellos elementos que permitirán que el conocimiento de la humanidad progrese, por lo que se deben publicar sus avances y entregarlos al gran público. Alguien, después, será capaz de tomar ese conocimiento y seguir ampliándolo o –quizá- transformarlo en alguna solución práctica.

La Ingeniería por su parte, se concentra en producir soluciones prácticas, en desarrollar productos y servicios que permitirán un mejor vivir. La Ingeniería rara vez publica sus resultados (y cuando lo hace, normalmente, es en forma de “patente de invención”, para protegerse de la copia de su solución); sin embargo, lo más común es que nunca se publique, a lo más se converse al respecto. Cómo señalaba un viejo chiste, los ingenieros, en particular los informáticos, apenas podemos conversar con nuestros pares, sobre los avances y creaciones que hemos hecho, el resto no nos entiende…

Ahora que estoy conociendo más sobre las publicaciones formales en el ámbito científico, me ha llamado la atención el hecho de que para publicar un determinado conocimiento, en la gran mayoría de los casos asociados a la informática (aunque entiendo que es extensivo al resto de las ciencias) , las principales revistas y medios especializados, cobran al autor por publicar su artículo. Y no sólo no cobran barato (en alguno de los casos, cobraban por palabra en el artículo) además cobran a los lectores por acceder a ese conocimiento. Y en algunos casos, además, luego de pagar por publicar, el autor debe ceder sus derechos de reproducción a la editorial; de forma tal que si otro medio quiere republicar el artículo, entonces ese medio debe pagarle a la editorial y no al autor por hacerlo.

¿Por qué tanta complicación para incrementar el conocimiento global? Porque la ciencia rara vez provee respuestas definitivas. Los avances en la ciencia se componen de muchas hipótesis que están en permanente revisión, algunas que no sólo es complejo demostrarlas, sino que se basan en función del conocimiento acumulado y que en muchos casos, pueden llegar a ser rechazadas con mucha posterioridad.

Un caso que circuló recientemente por las redes sociales, pero que tiene casi 50 años desde su publicación, fue una breve refutación de una de las conjeturas (cuando ni siquiera hay hipótesis) de Leonard Euler, quién su vez basado en un teorema de Pierre de Fermat, establecía que la cantidad mínima de enteros positivos elevados a un número “n”, debía ser igual o superior a “n” para que fuese igual a un único entero positivo elevado al mismo “n”. Sin embargo, en 1966, y utilizando uno de los primeros súper computadores disponibles, se encontró un contra ejemplo, tal y como señala la siguiente publicación:

El objetivo, es intentar asegurar que lo que se publique en estos medios, esté debidamente investigado y que no sea fácil encontrar esos contraejemplos. Sin embargo, eso tiene un costo para la humanidad: los conocimientos se publican más lentamente de lo esperado (en muchos casos, al menos un par de años desde que se descubren, se investigan, se prueban, se discuten, hasta que se publican).

¿Qué habría pasado, si en vez de que Linux Torvalds publicará su trabajo en Linux en –las entonces emergentes y muy simples- redes sociales, lo hubiese intentado publicar en una revista especializada? Posiblemente hoy no tendríamos una herramienta como el sistema operativo Linux, ni los avances que la Free Software Foundation y GNU nos han entregado a toda la civilización para hacer posible una Internet tan vasta en conocimientos (aún cuando mucho de lo publicado, sean opiniones no fundamentadas, y que no resisten el escrutinio científico).

Lo cierto es que la Ingeniería se mueve en un ámbito intermedio. A veces ayuda a la ciencia (la disponibilidad de súper computadores, ha ayudado a encontrar, entre otros, la refutación de la conjetura) pero por otra, tiene intereses privados, busca hacer negocios que se pueden convertir en patentes de inversión, o en secretos industriales celosamente protegidos. Y a veces, simplemente libera una cantidad increíble de conocimientos que no han sido completamente investigados, pero que en ciertos casos, provee de soluciones reales al mundo real. Y lo hace de manera gratuita. Esa es la dualidad de quienes estamos en procesos de obtener nuestro magíster en ingeniería o quienes van más allá en la búsqueda de los doctorados en la misma área.