Tecnología: Angel y Demonio...

Columna Tecnológica por José Miguel Santibáñez

Sábado 27, 3:30 AM, medio desvelado, estaba dedicado a ver los capítulos on-line de una serie de televisión española (publicados por la misma TVE, no sean mal pensados) minutos después, empezó el sismo. No apagué el computador, en el momento pensé que no es el primer sismo que sufría y que el proceso de apagado es lento, así que mejor esperar... sin embargo el tiempo pasaba y el movimiento en vez de disminuir, iba aumentando, la costumbre me hizo ponerme de pie, y afirmar un mueble alto que tiene varios adornos que se podían caer (y lo peor, sobre mi cabeza)...

Intantes después, se cortó el suministro eléctrico, lo único que iluminaba la habitación, era la pantalla del notebook, que reclamaba la ausencia de internet... Esa luz me acompañó en los momentos de mayor violencia, cuando uno de los cuadros intentaba saltar de la pared (un paisaje de un rio impetuoso, que en ese momento, parecía buscar un nuevo curso). Mientras tanto, se me habían invertido los papeles, el fuerte movimiento me habría botado, pero afortunadamente me afirmó el mueble alto y sus adornos.

Terminado el terremoto, a la iluminación provista por la pantalla del notebook, se sumó la de las dos lámparas de emergencia de la casa, apagué el notebook y busqué una las linternas, para proceder a la inspección de daños. Mi balance revela mucha suerte, casi nada ha sido dañado, aún con la fuerza con la que quería saltar el cuadro, las copas que estaban a un par de metros, casi no sufrieron daño (aunque eso lo verifiqué mucho después).

Por supuesto, fue un terremoto, y en los primeros momentos, no hay comunicación. Mi barrio no perdió suministro de agua potable, pero si electricidad (repuesta a eso de mediodia) y telefonos (la línea hogar volvió cerca de las 4:00 AM y los celulares un poco antes). La congestión de llamados (me parece recordar los viejos consejos: no llamen inmediatamente después, que se congestiona todo), resultó evidente y predecible, pero logré comunicarme con la familia y algunos amigos, usando la vieja línea hogar.

Una amiga, aprovechando las bondades de la tecnología, se dedicó a ayudar a buscar información de familiares de gente que está en el extranjero. Le twitteaban los datos y ella intentaba comunicarse telefónicamente. Varias familias le agradecieron el poder saber que pasaba con sus seres queridos.

La mañana del sábado quedó marcada por el problema del tsunami. Aunque había partido bien, con la presidente a primera hora en las oficinas de la ONEMI, el enredo en las comunicaciones con la Armada y la ausencia de aviso de tsunami (que queda en triste evidencia por lo ocurrido en Juan Fernández) empezó a causar ruido social.

El segundo problema, quedó marcado por los problemas en las comuniciones estatales que en gran parte son soportados por sistemas de telefonía celular (que en casi todos los eventos anteriores, había resistido bastante bien). Sin embargo, la gran mayoría de las antenas celulares, no cuenta con sistemas de generación eléctrica independientes; tan sólo baterías de respaldo que duran unas pocas horas; la fuerza del terremoto botó líneas eléctricas y probablemente más de alguna antena celular; y las baterías no resistieron más allá de lo esperado, lo que anuló la mayor parte de los sistemas estatales. Siempre es difícil evaluar el nivel de inversión en prevención de desastres, pero hoy hay un fuerte cuestionamiento a la ausencia de teléfonos satelitales; y otros sistemas de respaldo. La decisión no es trivial, pero es el momento de revaluar las políticas seguidas en temas de emergencias.

Durante el mismo sábado (y por los días siguientes) la televisión se dedicó a recorrer el país mostrando los efectos devastadores. Muchas imágenes quedarán grabadas en la memoria nacional. Y si había cuestionamiento al sistema de comunicaciones estatal, la transmisión de televisión lo hizo más patente. El hecho de que llegaran los periodistas antes que los emisarios del gobierno, fue un duro golpe a la ONEMI. Explicaciones pueden haber muchas, buenas o malas, pero la impresión que queda, sobre todo cuando se suman las transmisiones de los saqueos, resulta desalentadora.

Un tema a tener presente, fue la repercusión en las redes sociales, de la información entregada por los medios. Fuera positiva como la foto de Bruno Sandoval sosteniendo la rasgada y embarrada bandera, se replicó por internet (“la nube” como le dicen ahora) y sus redes sociales y no pocos la usaron de avatar en twitter o facebook y sirvió para cuanta campaña de solidaridad se realizó; o los grupos Facebook para felicitar la decisión de la señora que se negó a participar del saqueo generalizado en el Lider de Concepción. O fueran las noticias negativas, como las amenazas de desplome de edificios; de gente aislada en pueblos del sur o de saqueos contra viviendas...

Tampoco faltaron los descriteriados y abusadores, a los saqueadores se agregaron los estafadores “buenos días, soy de (nombre de alguna institución que podría estar ayudando) y ando buscando donaciones” y las redes sociales también tuvieron a los suyos. Uno que destacó el día sábado, fue el que twitteaba insistentemente que estaba atrapado en una casa en el sector de Estación Central, transmitía tal angustia, que un amigo tomó su vehículo para ir a ayudar, pero le alcanzó a llegar al celular el twitteo de que era una falsa alarma, otro twittero había llamado a bomberos y ellos respondieron que ya les habían avisado, que habian ido a la dirección y habían descubierto que era falso... La noticia se esparció por twitter al igual que los insultos contra el autor de la macabra broma.

De a poco, las comunicaciones se fueron restableciendo, empezaron a llegar los mensajes de personas que estaban aisladas (en muchos casos preocupados por amenazas de saqueos contra viviendas) rápidamente, las personas de los lugares menos afectados, se pusieron en campaña para ir en ayuda de sus conciudadanos.

Aspecto que hay que mencionar, y que debiera ser analizado, es que muchas campañas fueron realizadas por grupos pequeños, con objetivo claro (“vamos en ayuda de Curepto” rezaba un cartel de un grupo instalado en Providencia), gestionado completamente (recolección, transporte y distribución) y posiblemente bastante trazable (que la ayuda llegue a destino). Por la red llegaban avisos desde el extranjero donde se preguntaba por familias específicas a las que ayudar. Hace casi 20 años, en otra situación similar, los grupos universitarios que nos organizamos para ayudar, hicimos labores de recolección, pero luego entregamos todo lo recibido a la ONEMI, para que fueran ellos quienes transportaran y distribuyeran. Hoy me queda la duda respecto de cual es el mejor sistema, aunque sin duda que es la tecnología la que permite que grupos pequeños, puedan operar independientemente y mediante redes sociales darles trazabilidad (aunque también se puede falsificar)..

Finalmente, no hay que olvidar la campaña Chile ayuda a Chile, que en poco más de 26 horas, juntó recursos suficientes para la construcción de 40.000 viviendas; y una cantidad no especificada en otras donaciones, desde transportes, bebidas, comidas y productos de todo tipo. Y por si fuera poco, selló el compromiso político de ponerse las pilas por Chile, en el abrazo entre la presidente en ejercicio y el presidente electo.

Y paralelo a la campaña televisiva, las redes sociales también hicieron lo suyo, no sólo con una “twitterton” que recaudó algo más de un millón de pesos; sino en numerosos eventos destinados a recolectar alimentos y otros artículos de primera necesidad.

Sin duda la tecnología fue ángel y demonio en esta situación y una vez más, queda en evidencia que en sí misma, no es buena ni mala, depende del uso que le demos.