Peor que una Bomba A

Un grupo de nostálgicos de Jorge Alessandri ha recordado el slogan de su campaña en que advertía sobre el peligro de pasarle una locomotora a un niño. En el mundo pre-cibernético de los años 60 del siglo pasado, el mayor riesgo para la humanidad eran las bombas Atómicas y de Hidrógeno. Su poder de destrucción era tan grande que nadie, en su sano juicio, creía que pudieran llegar a usarse. La tragedia de Hiroshima y Nagasaki era más que suficiente.

Pero había otro peligro que estaba naciendo de manera subrepticia, lleno de promesas felices: la revolución tecnológica a partir de los computadores superpoderosos conectados con todo el mundo y al alcance de cualquier bolsillo. Lo que empezó como una red de defensa creada por Estados Unidos se abrió en los años 90 a usos comerciales. Sus efectos siguen sorprendiéndonos. Al principio fueron los computadores de escritorio cuyo precio y tamaño se hicieron cada vez menores. No siempre nos damos cuenta de que vivimos rodeados permanentemente de computadores: relojes, teléfonos celulares, pago de cuentas y servicios bancarios.

¿Resultado?

Se trata de una valiosísima herramienta que es, a la vez, un arma infinitamente más letal que las locomotoras desbocadas, poderosos tanques de guerra o las armas nucleares manejadas por enloquecidos émulos del Dr. No. La “convergencia” tecnológica que todavía nos deslumbraba en los años 90, se ha convertido en un juguete y un gran peligro. Los cazadores de pokemones, que se exponen a cualquier riesgo (en calles y carreteras, en sitios fronterizos, en lugares de difícil acceso) nos demuestran una realidad ineludible.

Kim Jong-Un, el líder norcoreano sigue desafiando al mundo con herramientas cuya creación fue impulsada por su abuelo y su padre. Se va a dar cuenta demasiado tarde de que está en un callejón sin salida. El Presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, un recién llegado a las grandes ligas del poder entendió que insultar al Papa, al Presidente de los Estados Unidos y a quien se le ponga por delante no es un buen negocio. Ya empezó a recular.

En nuestro país, en cambio, parece difícil que el subsecretario del Trabajo, Francisco Díaz, tenga la capacidad de reaccionar bien tras poner en órbita sus ofensivos mensajes contra Colo Colo y el Estadio Monumental. De poco le ha servido titularse de abogado de la Universidad de Chile o lograr un Master en Ciencia Política en la London School of Economics.

Sigue creyendo que en este mundo y en este tiempo se puede decir lo que quiera. No reparó en que “alguien” podía abusar de su ingenuidad y subir sus torpes expresiones a Facebook.

A. S.
Septiembre de 2016
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas