Juicios apresurados

 

El vagón en el metro Baquedano estaba lleno y entre tanta aglomeración sentí que me tocaron el poto. A lo mejor estaba mal yo, pero vi a una persona y la encaré, pero ya no la recuerdo. Fue algo del minuto”, explicó al diario La Cuarta la víctima del “agarrón” más famoso de este verano.

En el episodio se vio involucrado Miguel Moreno García, cuyo nombramiento como subsecretario de Bienes Nacionales fue cuestionado por haber incurrido (y condenado) por estas “ofensas al pudor”. Su única respuesta fue insistir, como lo hizo desde que fue denunciado, en que es inocente. Según su abogado, Moreno aceptó el juicio abreviado (pagando una multa, cuyo monto luego le fue devuelto) por consejo suyo: “Como no tenía testigos a su favor, era bien incierto ir a juicio, en el que además podía ser difamado gratuitamente”.

Pese a ello, casi tres años después, Moreno sufrió igualmente un público cuestionamiento.

No faltaron las descalificaciones de lado y lado: Jacqueline Van Rysselberghe, senadora electa de la UDI, tuiteó que era “rasca lo del subsecretario de BBNN. Si se mantiene en el cargo, cuando vaya al Congreso, por precaución las parlamentarias caminaremos contra la pared”.

No fue el único repudio.

Una vez más las redes sociales han demostrado su poder. No importa que, a largo o mediano plazo. se demuestre que los ciber-detractores estaban equivocados. Fue el caso de la vecina de Chicureo denostada por menospreciar supuestamente a las “nanas”. Más tarde, se demostró que había sido víctima de una tergiversación deliberada del video. Pero las ofensas quedaron.

Hoy, muchos juicios, se hacen a través de Internet sin mayor debate. Moreno ya fue condenado por la opinión pública, como ocurrió antes con padres acusados de abusar de sus hijos. Es el caso más prominente: el de Woody Allen.

Según dijo su abogado, el reciente premio a su trayectoria en los Globos de Oro "ha revivido el enfado hacia él". Estas acusaciones son "una continuación del deseo de Mia Farrow para herir(lo)”. La denuncia, esta vez, la hizo Dylan Farrow mediante una carta a The New York Times. Contó que Allen la agredió sexualmente en su casa de Connecticut, donde vivía con Mia Farrow. Los hechos habrían ocurrido hace más de 20 años.

El debate siguiente fue áspero y amargo. Pero en definitiva, parece imponerse la tesis de que detrás está el resentimiento de Mía Farrow tras su ruptura con Allen. Este tipo de acusaciones es frecuente tras un fracaso matrimonial. En Chile ha habido casos recientes en que un ex esposo ha sido llevado a los tribunales como “castigo” por su infidelidad, real o presunta.

No siempre es así, pero alarma la facilidad con que estas denuncias, desde el abuso con hijos o hijas a una falta contra el pudor en el Metro- se acogen en las cortes de Justicia y se perpetúan en Internet.

Esto no es nuevo. En la actualidad, sin embargo, las herramientas tecnológicas al alcance de todo el mundo, permiten una difusión descontrolada.

Cualquiera sea la verdad final, la imagen del acusado estará manchada para siempre.

 

A. S.
Febrero de 2014
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas