Programas negociables

En las elecciones presidenciales de 1970, la candidatura de Salvador Allende presentó un programa directo y claro con el título de “las primeras cuarenta medidas”. Era la carta de navegación del gobierno de la Unidad Popular y es probable que muchas personas no las hayan olvidado, independientemente de que las compartieran o no...

La medida más recordada fue, sin duda, la oferta del medio litro de leche “como ración a todos los niños de Chile”. Parece una promesa ingenua en estos tiempos de obesidad generalizada, pero en esos años, cuando el doctor Fernando Monckeberg luchaba contra la desnutrición infantil, era una respuesta práctica ante una necesidad concreta. Por lo mismo, fue valorada, no solo por los votantes pro-UP.

El resto de las 40 medidas incluía, como una obsesión, el reiterado rechazo a las “pensiones millonarias” y al “enriquecimiento a costa del Estado”. También se ofrecía frenar “el lujo de los viajes oficiales” y el mal uso de los vehículos fiscales; congelación de precios y no pago de contribuciones de las casas de hasta 80 metros cuadrados, Se hablaba de una “reforma agraria de verdad” y se planteaba la creación de dos organismos que hoy son ministerios: de “protección a la familia” y el Instituto Nacional del Arte y la Cultura.

Es difícil medir el impacto de estas promesas en el electorado, sobre todo porque en una segunda vuelta –que no existía entonces- no era seguro que Allende recogiera el voto de los derrotados. Recuperada la democracia, en 1989, en la siguiente elección que le dio el triunfo a Patricio Aylwin, las fuerzas se alinearon casi sin matices, El debate fue en torno a una gran alternativa: la consolidación democrática o la mantención de las políticas de la dictadura.

Por años, a partir de 1920, cuando se realizó la última elección indirecta (con el sistema de “electores”), se optó por privilegiar los méritos personales de los candidatos. Al mismo tiempo, sin embargo, junto con aumentar las garantías del sufragio, fue surgiendo la inquietud por saber detalles de lo que se podía esperar del triunfador.

En 1964. Eduardo Frei Montalva proclamó la “revolución en libertad” y dijo que no cambiaría una coma de su programa “ni por un millón de votos”. Seis años después, Allende ofreció de forma concreta las cuarenta medidas.

Curiosamente, sin embargo, solo el año pasado se modificó la ley, que obliga a ser muy específicos: “En el caso de las candidaturas a Presidente de la República... los candidatos deberán presentar un programa en el cual se indicarán las principales acciones, iniciativas y proyectos que se pretenden desarrollar durante su gestión”. .

El texto legal no entra en mayores precisiones.

Lo anterior ha generado el debate acerca de los límites de las ofertas y los excesos publicitarios. E hizo posible que el candidato Alejandro Guillier dijera que su programa definitivo se publicará entre la primera y la segunda vueltas.

Dando por hecho que no ganará el 19 de noviembre y para el balotaje deberá negociar los apoyos, declaró que tenía que “estar disponible de escuchar un poco a los otros, no va a ser que te apoyen gratis”.

No es precisamente un candidato que equivalga a quienes, antes que él, eran conocidos ampliamente por sus ideas, sus acciones y bien pensadas ofertas.

A. S.
Noviembre de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas