El magro balance de la ONU

La aspiración a la paz es el anhelo más antiguo de la humanidad. Es, hasta hoy, el más difícil de alcanzar.

A comienzos de nuestra era la pax romana aseguró la tranquilidad dentro de las fronteras del extenso imperio cuya capital era Roma. Pero, como otros intentos parecidos, terminó por dar paso a nuevos conflictos. En esta materia, la historia se repite una y otra vez. Hace un siglo las potencias occidentales (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos) pensaban que estaban librando “la guerra que pondría fin a todas las guerras”. Ya sabemos que no fue así: apenas dos décadas después de firmada la paz, estalló un nuevo conflicto mundial.

Esta vez la consigna era más ambiciosa: lograr la paz e imponer la democracia en todo el orbe. Su principal herramienta, aparte de las primeras armas de “destrucción masiva”, fue la Organización de las Naciones Unidas. Desde su comienzo (1945) se planteó un objetivo categórico: “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”. En la Carta de la ONU se mencionaba también el respeto a los derechos humanos, la justicia, el progreso social y la mejoría del “nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”.

La semana pasada, al hablar ante la Asamblea General en Nueva York, la Presidenta Michelle Bachelet proyectó esos propósitos a la nueva realidad de nuestro tiempo: “La gente, sus líderes, la sociedad civil y los medios de comunicación esperan de los Estados Miembros de la Organización respuestas cooperativas, creativas y concretas a los problemas del siglo XXI”.

Como el octavo Secretario General del organismo, el coreano Ban Ki-Moon debe ser reemplazado en enero próximo, la mandataria chilena pidió “un compromiso de él o de ella con los principios, orientados a servir a la gente, que dieron origen a la Organización”.

No mencionó Michelle Bachelet que el balance de la gestión del secretario saliente es lamentablemente pobre. Avanzó en el enfrentamiento del cambio climático cuando nadie lo esperaba. Pero la crisis de los refugiados; el terrorismo y las violaciones de los derechos humanos lo han mostrado como un funcionario sin capacidad para imponerse ante las grandes potencias. Según recordó The New York Times, el semanario The Economist lo describió sin piedad como el más “aburrido y entre los peores” secretarios generales en la ONU.

Lo más grave, sin embargo, es no haber podido controlar guerras interminables, en especial el conflicto en Siria. Los muertos, los heridos, las familias y los hogares destruidos en combates a lo largo y ancho del mundo, no es lo que se propusieron los fundadores de la ONU.

A. S.
22 de Septiembre de 2016
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas