¿Un mundo corrupto?

Con característica serenidad, The Economist analizó, en su última edición, lo que pude ocurrir en las próximas elecciones francesas. Lo hizo con ese tono imperturbable que antiguamente se conocía como spleen, pero que ahora nadie usa y pocos conocen.

Y se trata de un tema serio: “La antigua división entre derecha e izquierda se hace cada vez menos importante, reemplazada por la opción entre una (sociedad) abierta y una cerrada”. Si así ocurre en Francia comenta la revista británica, sus repercusiones irían más allá de las fronteras galas. Podrían revitalizar la unión europea o hundirla definitivamente.

A menos de dos meses de su realización, las elecciones francesas de este año están marcadas por la incertidumbre y un mal que se ha convertido en pandemia: la corrupción.

El conservador Francois Fillon que partió muy bien en la competencia, está en el candelero por haber favorecido con empleos ficticios pagados por el Estado a su esposa e hijos. Ella, Penélope, una ciudadana británica, es investigada por recibir 680 mil euros a lo largo de quince años como asistente parlamentaria, cargo que nunca ejerció. Inevitablemente se ha hablado del “Penélopegate”. Igualmente se acusa a Fillon de haber pagado a sus hijos por trabajos inexistentes.

Está citado ante los tribunales para fines de marzo.

Asegura que no va a renunciar, pero la presión es fuerte. Hasta enero era el favorito, tras su triunfo en las primarias de la derecha. Ahora los partidarios del ex Presidente Nicolás Sarkozy -el gran derrotado en esa oportunidad- piden su renuncia. “No se puede hacer campaña. Corremos hacia un desastre anunciado”, proclamó el diputado Georges Fenech

Ante este revuelto panorama, el ex ministro Emmanuel Macron surge como el candidato de centro-centro, con matices de izquierda. The Ecomist lo caracteriza como “pro-comercio, pro-competencia, pro-inmigración y pro-Europa Unida”. La duda es que, si gana, podría instalarse en el Elíseo, pero sería muy difícil que tuviera mayoría parlamentaria.

Para agravar las cosas, un colaborador suyo ha denunciado en Le Monde una supuesta “injerencia de un Estado extranjero decidido a desestabilizar a un candidato que puede ganar”. La prueba, dice, son los “miles de ciberataques”, muchos desde Ucrania.

En este revuelto panorama. Marine Le Pen, a quien muchos equiparan a Donald Trump, consolida su posición, Pero no está exenta de pecado: se la acusa de haber pagado con fondos del Parlamento Europeo: al cual pertenece, para pagar a sus asistentes personales.

Francia no es el único país donde las elecciones se complican por eventuales problemas de corrupción. En Rumania, ya pasó y también en Ecuador. En Argentina el Presidente Mauricio Macri está lidiando igualmente con problemas de este tipo.

¿Pero, es realmente tan desastroso el panorama?

Hace algunos años, el profesor Rushworth Kidder, creador del Instituto para la Ética Global de Estados Unidos planteó aquí en Chile que, ante el creciente número de denuncias sobre corrupción, valía la pena preguntarse acerca de su real significado: ¿Somos más corruptos que antes? O. ¿Hay más conciencia y por lo tanto lo fundamental es que tenemos mejor información?

Está claro que en el mundo entero, el tema ya dejó de ser una cuestión teórica.

A. S.
Marzo de 2017
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas