El Mercedes de Piñera

José Piñera Carvallo fue un funcionario público ejemplar. Dedicó gran parte de su vida laboral a la Corporación de Fomento. Patricio Aylwin lo nombró embajador en Bélgica y en las Naciones Unidas. Fumador empedernido (se hacían chistes acerca de la ceniza que le caía en el pecho), murió de enfisema pulmonar en 1991.

Había nacido en París y solo a los 17 años viajó a Chile. No fue un extranjero en su tierra. Amistoso, de carácter afable, militó en la Democracia Cristiana y en los años oscuros de la dictadura se le podían encontrar en las recepciones diplomáticas de los países más críticos del régimen. Tuvo seis hijos, cuatro de ellos varones. Cada uno de ellos heredó alguna de sus mejores características, pero ninguno las tiene todas.

Pablo, el menor, es simpático y eficiente en lo suyo: la banca. Mayor que él es Miguel (“El Negro”) que dedicó buena parte de su juventud a la farándula. Nadie pone en duda la rápida inteligencia de Sebastián, el más brillante y, por supuesto, el más conocido. José Piñera Echenique, el mayor, es el menos carismático. En cambio, despliega una gran seguridad en sí mismo. Fue, según su propia declaración, lo que lo impulsó a regresar a Chile para “defender” el modelo económico y el sistema de AFP.

Si esperaba ser recibido con entusiasmo, se equivocó. No fue bienvenido ni siquiera por los más fervientes partidarios del modelo de jubilaciones que impuso. A nadie hizo gracia su metáfora de que el sistema es como un Mercedes Benz. “El auto está bien hecho, es sofisticado, pero necesita bencina. Entonces el aporte mensual y el ahorro son la bencina y eso no es culpa del sistema”.

El ex presidente de Habitat, José Antonio Guzmán, comentó que el sistema de pensiones no es comparable con un automóvil. Cabe recordar que Piñera llegó con una carta de dicha AFP bajo el brazo. David Bravo, de la Comisión Asesora sobre el sistema de AFP, aseguró que Piñera “caricaturiza el debate”. No fue su único contratiempo.

En TVN tuvo problemas porque no le gustó la introducción que prepararon para presentarlo en El Informador. De ahí se fue a Mega, para ser entrevistado por Soledad Onetto. Tampoco tuvo suerte: la conversación se convirtió en un diálogo de sordos.

Hay algo claro. José Piñera está descubriendo que Chile ha cambiado profundamente. Sigue anclado en los años 80; no le gusta que se califique de “dictadura” al régimen que lo cobijó. Y hay coincidencia en que el Mercedes Benz no representa hoy en la máxima aspiración de quienes quieren un auto de lujo.

A. S.
Agosto de 2016
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas