Mentiras que atrapan

 

Uno de los dichos más tradicionales en nuestro país sentencia que “para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado”. Pienso que la última parte proviene de tiempos pretéritos, cuando la “cadena de frío” no era muy segura y muchas veces los productos del mar no llegaban en buen estado a los consumidores. Comer pescado, en el pasado, implicaba riesgos. Ahora no.

Las mentiras, en cambio, siguen siendo de cuidado. La explosión tecnológica las ha hecho más frágiles que nunca. Cuando alguien miente, hay cien ojos al acecho, como lo comprobó Omar Labruna en su intento por eludir responsabilidades tras un accidente automovilístico. Las omnipresentes cámaras de seguridad lo dejaron en evidencia, pese a su intento de inflar el pecho y enojarse frente a los periodistas.

Las consecuencias de una mentira se han tornado más peligrosas que nunca: alguien miente y, para encubrir la mentira, agrega nuevas mentiras que, al final, tejen una madeja de irreparables consecuencias. Allí se enredan inocentes, a veces sin darse cuenta, como los carabineros que –conscientemente o no- aceptaron la versión de Labruna y la consagraron oficialmente.

Ya le había pasado al cantante Leo Rey en 2010, quien, por exceso de cariño de unas enfermeras que le cambiaron la alcolemia, fue arrastrado a los tribunales. En esta materia no hay peces demasiado grandes o demasiado chicos.

La mentira es antigua como la humanidad. Lo demuestra el hecho que sea destacadamente mencionada en los diez mandamientos; que Ulises –maestro de creativos según el doctor en Filosofía Ricardo López- aparezca en todos los análisis como un gran mentiroso, y que Pinocho, sea sin duda el mentiroso más simpático de la historia.

En un ensayo titulado “La Mentira. Un Arte con Historia”, Rubén González Fernández sostiene que “la mentira es en la mitología griega casi un divertimento divino. Los inmortales dioses se mienten entre ellos, pero sobre todo, esto es lo relevante, a pesar de su divinidad y poder sobrehumano, mienten a los hombres constantemente. Toman formas animales para arrebatar o seducir a mujeres, tientan a los hombres ofreciéndoles capacidades que luego no dan, etc. No, los dioses no tienen poderes para dominar por la fuerza a los mortales, los dioses tienen poderes para poder mentirles”.

Muy parecida es una de las ideas fuerza del nazismo:

Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá” (Goebbels).

Nunca, sin embargo, esa mentira se convertirá en verdad. Es lo que se acaba de demostrar respecto de la muerte de José Tohá. Se dijo reiteradamente que se había suicidado. Pero, finalmente, los análisis médicos revelaron lo que muchos sabíamos: que fue asesinado.

George Washington, que se presenta a los estudiantes de Estados Unidos como el niño que no podía mentir, sostuvo, ya mayor, que “es preferible no ofrecer excusas a entregar una mala

Es, evidentemente, algo que no sabía Labruna.

 

A. S.
30 de noviembre de 2012
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas