Aún tenemos libros…

 

En la gran sopa de letras de las noticias, en los últimos días destacó una sigla: CILE: Congreso Internacional de la Lengua Española. En Panamá se celebró recién su sexta versión. En representación de nuestro país, participó Alfredo Matus, director de la Academia Chilena de la Lengua.

La Real Academia Española, las academias de todo el continente y el Instituto Cervantes son los responsables de estos eventos. Para Alfredo Matus, que encabeza la Academia Chilena desde 1995, la celebración tuvo, inevitablemente, un sabor melancólico: la versión anterior, que iba a ser en Valparaíso, fue cancelada poco antes de su inauguración, tras el terremoto del 27 de febrero de 2010.

Los organizadores concluyeron que las circunstancias hacían “imposible un correcto desarrollo del programa del Congreso

No hubo un terremoto físico en Panamá. Pero lo que se dijo en el encuentro revela una renovada tensión acerca del futuro del libro y del castellano. La explicación principal de por qué ocurre todo esto se encuentra en el impacto de las tecnologías de la información.

La categórica conclusión es que ni el libro ni nuestro idioma van a desaparecer. Pero habrá cambios.

El periodista español Juan Luis Cebrián explicitó en Panamá su convencimiento de que "la palabra es el denominador común de nuestra especie". Ello significa que la comunicación no está en peligro. Tampoco el libro, cualquiera sea su soporte, porque, como dijo Cebrián, el libro, a partir de la imprenta de Johannes Gutenberg, destronó los púlpitos de poder y facilitó la decisión del poder a través de la libre interpretación.

El escritor chileno Antonio Skarmeta se mostró cauto: aseveró que las nuevas herramientas con las que cuentan los lectores podrían ser beneficiosas para los libros, "el instrumento favorito de la creación literaria (porque) no alteran la imponente presencia del libro, con la autoridad de su prestigio, los atributos de su diagramación, tipografía, textura de papel y diseño de portada".

Nadie, sin embargo, es tan optimista como el norteamericano Enrique Durand.

Dijo que las "ideas plasmadas en libros electrónicos", abren una nueva visión y un nuevo espacio, que pondrán todo tipo de literatura al alcance "de todos y de cualquiera", sin distinción de distancia o de fronteras. Lo importante, aseguró, “es que la idea del libro nace del alma del escritor y todos los instrumentos utilizados, desde los jeroglíficos hasta las computadoras, han contribuido a expandir la comunicación”.

En otras palabras, tenemos libros para rato.

En tres años más, en un país todavía no decidido, el gran debate sobre el futuro va a continuar. Esta vez la Academia Chilena de la Lengua tendrá tres refuerzos, auténticos “pesos pesados” en el tema.

En septiembre fueron elegidos como nuevos académicos de número, Carlos Franz, Ascanio Cavallo y Eugenio Mimica Barassi. Ocuparán los sillones vacantes tras la muerte de Miguel Arteche, Guillermo Blanco y Enrique Campos Menéndez.

 

A. S.
Octubre de 2013
Publicado en los diarios El Día de La Serena, El Centro de Talca, El Sur de Concepción y La Prensa Austral de Punta Arenas