El apoyo de los Estados Unidos a Al-Qaida en Siria

Columnista invitado: Reinaldo Sapag Chain

Puede parecer extraño que sean los Estados Unidos quienes apoyen al grupo armado Al-nusra, la filial siria de Al-Qaida. Sin embargo, los continuos errores que ha cometido Estados Unidos en el Oriente Medio han permitido que rebeldes sirios, formados por ellos, hayan entregado equipos, apoyo logístico y principalmente armamento de última generación de fabricación norteamericana, a quienes destruyeron las torres gemelas, provocando terror y muerte a unas 3.000 personas en el corazón de Nueva York.

Soy hijo de padre sirio y de madre chilena, cuyos padres eran también sirios. Hace algún tiempo escribí mi historia familiar en un libro que titulé “Mis raíces provienen de siria”. El impacto que generó mi historia familiar en la propia Siria provocó que el embajador en Chile, don Fares Chahine, quien fuera recientemente asesinado en Damasco por el extremismo rebelde, me invitara a participar en el Congreso Internacional de Emigrantes de origen sirio efectuado en Damasco en el año 2007, al cual también asistieron en representación de Chile, Sergio Bitar y Roberto Nahum.

Conocí un país en paz bajo la presidencia de Bashar Al Assad. Siria es una sociedad en la que por historia, las religiones juegan un papel fundamental. Su sistema político no es homologable a los sistemas occidentales, por lo que intentar observar su estructura política con los parámetros de las democracias occidentales constituiría un grave error de diagnóstico. Constaté una sociedad multiconfesional que se organiza a través de un Estado y un gobierno aconfesionales, un país que favorece la inclusión social donde las mujeres pueden y ocupan cargos de importancia en la administración del Estado o vistiéndose a la usanza que libremente ellas elijan.

El gobierno de Bashar Al Assad –con sus errores y aciertos– no puede ser comparado, por ejemplo, con la dictadura del general Pinochet. En Chile nos sentíamos orgullosos de nuestra democracia, hasta el momento que adoptamos actitudes irreconciliables, las que provocaron el golpe de estado de 1973, con su secuela de arbitrariedades, destrucción , persecución, violación sistemática de los derechos humanos, desapariciones que hasta hoy hieren el alma nacional, generados por un gobierno que sembró torturas, terror y muerte.

El problema sirio hay que visualizarlo de una manera muy distinta al pensamiento occidental. En Siria, influyen las diversas corrientes musulmanas con sus estrategias religiosas vinculadas al poder político, o sus diversas maneras de interpretar la voluntad de Dios a través de su profeta Mahoma. También las distintas miradas que genera la acción destructora militar de Israel, país que recibe un fuerte apoyo de armamento bélico, con aviones de combate proporcionados por los Estados Unidos, frente a una Palestina que sólo puede luchar por sus derechos y su tierra lanzando contra ellos piedras o utilizando armamentos hechizos de prácticamente nulo poder destructivo. Si a todo lo anterior se le suman los intereses políticos y económicos de las grandes potencias en el Oriente Medio, entonces, quizás, estemos acercándonos a entender que Siria se ha convertido en una víctima de la incapacidad de la comunidad internacional de resolver una crisis en la que existen responsabilidades compartidas.

Obama, en su intransigente postura de exigir la cabeza de Bashar Al Assad, está actuando con la misma ceguera con la que el presidente Bush ya lo hizo en Irak respecto a Sadam Hussein. Estados Unidos invadió a ese país mediante el expediente de la mentira. Justificó la invasión militar a Irak asegurando que disponía de un gran arsenal de armas químicas, lo que resultó ser un invento norteamericano para provocar terror y muerte a miles de ciudadanos inocentes. La irracional decisión de Bush también provocó dolor y sufrimiento a tantas familias norteamericanas que vieron perder a seres queridos en una guerra fracasada.

Intentar responsabilizar exclusivamente a Bashar Al Assad de la destrucción y la guerra en Siria no es ni sensato ni justo. Son muchos los culpables. La comunidad internacional y en especial las grandes potencias, también lo son; las corrientes fundamentalistas musulmanas también tienen culpas inexcusables. Los que intentan crear un Estado Islámico mediante la fuerza de las armas, no pueden lavarse las manos impregnadas de sangre inocente. Los rebeldes sirios tampoco pueden hacerlo. Turquía, que ha permitido que a lo largo de su frontera con Siria se hayan entregado armas y apoyo logístico a los insurgentes, tiene sin duda una alta cuota de responsabilidad. Pero, sin dudas, el principal culpable es el gobierno de los Estados Unidos al aportar ayuda militar, armamento de última generación y capacitación a los rebeldes sirios, en su afán enfermizo por derrocar Al Assad, finalmente lo único que logró fue la de dotar de armamento, de fabricación norteamericana a la filial de Al-Qaida de Siria, el grupo extremista Al-Nusra, socio de los fundamentalistas del Estado Islámico, quienes han multiplicado las muertes de inocentes sirios con armas y dinero del pueblo de los Estados Unidos.