VISITAS ESTIMULANTES

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

¡Está temblando!”.

La advertencia es clara, vehemente, directa.

Casi una intuición, no una obviedad.

Homero, mi nieto se mantiene sereno.

Marcela Leiva, su mamá, se estremece y asusta.

Yo también. Mucho.

Es una visita estimulante.

Los dos me acompañan durante horas y cuando están a punto de retirarse, comienza el terremoto.

Homero sigue la huella del periodismo. Estudia en la Universidad Finis Terrae.

Recoge la semilla su abuelo, mezclada con una multitud de libros, con la pasión sin frenos y el intento irrenunciable de ser original.

Tiene caminos propios de redacción.

Su estilo es creativo y novedoso.

Le gusta el ámbito del deporte, especialmente el futbol.

Combina sus clases con el reporteo en canchas y estadios.

Es comentarista en la radio Portales, programa que emociona hasta las lágrimas a Pía, su abuela materna. Además, a Marcela quien une la alegría y el orgullo.

Yo siento la felicidad de quien comparte mi profesión amada.

El terremoto nos acerca en el afecto y la solidaridad.

Me respaldan largo rato más, hasta que mi palidez desaparece.

Marcela se comunica con Isidora, su hija, quien está en el departamento de San Diego con Violeta Mía, mi bisnieta.

Se entera de que llegó rápidamente Marcelo, mi hijo, para protegerlas.

Homero Ramírez Leiva es un nombre que busca pronta consagración en el periodismo. Es un gran lector y los libros son el manantial de sus conocimientos.

Renuncia a lugares comunes, repeticiones y artificios innecesarios.

En hora de conversación, me confiesa su adhesión y simpatía por las palabras.

Estoy con ellos y me llama Maribel, la esposa de Agustín, mi hermano menor.

Están en su casa de Algarrobo, subidos en el automóvil para prevenir emergencias.

Luego, Claudio mi afectuoso hermano, quien me cuenta que estaba en una charla cuando se desencadenó el terremoto.

Se unió prontamente a su familia.

A los minutos, se comunica conmigo Rodrigo Contreras, desde la cordillera, donde se estremeció en sus labores mineras.

Solidario, leal y constante, al día siguiente -como siempre- me visita Patricio, mi cuñado.

Nos engarza el cariño de la amada Patricia, mi hermana.

La continuidad de Patricio fluye por derroteros amables y cordiales. De corazón, como diría Eduardo Galeano, el escritor uruguayo.

La suma de visitas me alegra y alienta.

Todo el cuadro es grato.

Karen y Consuelo, las técnicas en enfermería me acompañan en el cambio de turno y reflejan su serenidad.

Siento la ausencia fuerte y larga de Soledad, mi querida hija.

Viaja durante cinco semanas por remotos países. No obstante, se entera de la catástrofe y me llama desde Mongolia.

Ya visitó Moscú y San Petersburgo y luego lo hará a Beijín y Hong Kong.

Me emociona y me alegra.

La siento más cercana de mi corazón.

Regresará el 28 de septiembre y su lejanía se convierte en una mezcla de tristeza y apoyo.

Son algunas de las visitas gentiles en una instancia de dolor.