50 AÑOS Y UN DÍA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

¿Hace atletismo?”.

La pregunta de Julio Martínez –mi ídolo de infancia- me desconcertó.

Yo era muy flaco, el peor en gimnasia en mi colegio puentealtino.

Parecía un sarcasmo por mi esmirriado físico.

"¡Sí!, dije enfático.

Fue mi única mentira en medio siglo de periodismo. Palabra de hombre.

Me envió al Estadio Nacional, en mayo de 1965.

Un día de lluvia que no se borra en mi bitácora.

Aún estaba en Tercero de la Pontificia de la Universidad Católica. Mi profesor Nicolás Velasco del Campo, director de “Las Últimas Noticias”, me llevó al diario.

Me anclé 33 años.

Ya van 50 desde que me parieron en el mejor oficio del mundo, según nos ilumina García Márquez.

Hace unos días, el Colegio de Periodistas –que preside Javiera Olivares- me distinguía con un galardón. Soledad, mi hija, envió las disculpas de mi ausencia, con la siempre eficiente y amable secretaria, Carolina Contreras.

Por un error médico, no puedo caminar. Además un principio de resfrío y la lluvia me impidieron compartir con mis colegas del Colegio que presidí entre 2000 y 2002, con primera mayoría nacional.

Vuelvo a mis primeros pasos .Todavía no egresaba de la Escuela de Periodismo cuando Fernando Reyes Matta –reciente embajador de Chile en China- me llamó para que fuera subdirector de la revista “7 Días”, que el encabezaba.

Aunque era temprana hora, asumí el cargo con la trinidad inapelable: amor, humor y dolor.

Emilio Filippi coordinaba el conjunto de publicaciones diarias.

Evoco nuestro equipo el experimentado Andrés Cruz Arjona, Carmen Puelma y Verónica López.

Reporteros gráficos: Waldo Yáñez e Ignacio Espinoza. Diagramador: Hugo Gómez.

Éramos tan románticos que a veces yo dormía en los mesones del semanario que editaba Zig Zag , porque no alcanzaba a volver a Puente Alto.

En el recuento me remece el tránsito docente por las Escuelas de Periodismo. Primero, la Diego Portales, convocado por la creativa y gestora Lucía Castellón.

Durante 22 años hicimos dúo con Iván Sandoval, excelente profesor de castellano. Pronto se incorporaron Fernando Guardiola y Manuel Antonio Contreras.

Al año siguiente, la culta Eliana Rozas me llamó a la Universidad Católica, mi escuela matriz. Estuve once años y los estudiantes me premiaron dos veces como el mejor profesor. Fueron las únicas elecciones.

El fuelle se abre con otras menciones inevitables: mi andadura por Uniacc, la Universidad del Desarrollo en la precordillera santiaguina y en la Universidad Mayor.

¡Cuántas memorias!

En la hora de cierre no me olvido de que mi amigo Ignacio González Camus me llevó a las páginas de “La Nación” donde –no obstante los cambios de director- escribí columnas durante 10 años.

Además, crónicas nostálgicas en la revista de Carabineros.

Ahora, me abrieron generosamente las puertas en Concepción, San Antonio y Puente Alto.

Y en el corazón de mis lectores.

Jamás mis manos se detuvieron para teclear sentimientos, recuerdos y emociones.

Hasta hoy, cuando están atrofiados por una negligencia médica.

Es mi medio siglo y un día.