LOS HOMBRES DE LA PAZ

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Leo una excelente entrevista a monseñor Bernardino Piñera, en la frontera de sus 100 años. Como Nicanor Parra, enclaustrado en la costa central.

El sacerdote cuenta su vida con anécdotas y mucha transparencia.

No se ata a ideologías polarizadas ni comulga con partidos políticos.

Cree que su sobrino Sebastián realizó un buen gobierno y, no obstante, no se refugia en el halago meloso.

Ya no está en la actividad volcánica de otros días, especialmente cuando fue obispo de La Serena.

Navegó por el período convulso de la Unidad Popular y las dolorosas persecuciones del régimen militar.

Mi sosiego espiritual se torna fuerte cuando menciona a los hombres que asocia a la paz.

En primera instancia a Gandhi. Menudo, desdentado, calvo y envuelto en una sábana siempre blanca, enfrentó al imperio tormentoso de Gran Bretaña. Logró la independencia de India solo con las voces de amor.

Desgrano a San Francisco de Asís, con sandalias y una sotana café. Dialogó con los lobos simplemente gracias a su mansedumbre.

Coincido en la sustancia de su selección.

Mudo, el mejor comediante de todos los tiempos, Charles Chaplin triunfa con sus pasos desentornados, su bastoncillo y su traje negro. Contraste con su alma.

Creó y recreó un lenguaje enrevesado e irónico. Se mofó de Hitler, en una parodia que da lugar a un discurso de paz que se ancla en nuestro corazón.

Le basta la humildad para desde su pobreza derrotar a los poderosos que abusan. Divierte en una multitud de películas que no tienen trazas de olvido.

De alguna manera su heredero, el mexicano Cantinflas nos hace gozar con su talento principalmente gesticulador.

Con un pantalón caído, sombrero tijereteado y camiseta alba, se parece inapelablemente a la caricatura que dibujó Coke y que represento paradójicamente el peruano Eugenio Retes.

Monseñor Piñera incluye al cardenal Caro, sencillo y noble.

La lista continúa con Mandela, quien tras años de encarcelamiento injusto encabeza la libertad de los negros en Sudáfrica. Una alumna de la Pontificia Universidad Católica me contó que estuvo en la puerta de las mazmorras cuando él salió de su encierro. Notable.

Agrega a Martin Luther King, líder de la autonomía de los negros perseguidos en Estados Unidos. Su discurso está inscrito en la memoria colectiva como sinónimo de paz e independencia.

En Chile, Piñera evoca al padre Hurtado, quien siempre se preocupó del rescate de los pobres y dejó una herencia de nobleza y solidaridad.

En su resumen, habla de Bernardo Leighton.

Me detengo en esa estación del político animado por la flecha roja de la Falange.

Flaco, tímido, en la etapa inaugural de mi recorrido por el periodismo lo entrevisté para un suplemento sabatino que yo dirigía, por la designación de Nicolás Velasco del Campo, director del periódico.

Leighton remeció mis sentimientos por su gran sentido del diálogo. Muchos años después lo reencontré y titule mi entrevista con una frase: “No sé quiénes intentaron matarme, pero los perdono”.

Espero la bendición del obispo Piñera por estas coincidencias significativas.