INDEPENDENCIA Y VALENTÍA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Un día creé el Premio Brazo de Oro. Era una ironía para aquellos reporteros que, en rebaño, siguen a políticos, deportistas, gobernantes y protagonistas de la farándula.

Los profesionales sumisos trabajan con esposas. No las que se unieron con ellos en el Registro Civil. Están aherrojados, con pleitesía.

En valioso contraste, otros –u otras- actúan con independencia y valentía.

Un grato ejemplo es el programa “Hora 20”, de La Red. Verónica Franco y Beatriz Sánchez son periodistas documentadas, atrevidas en el buen sentido, punzantes.

No temen a los entrevistados. Tampoco se ponen de rodillas ante ellos ni caen en la insolencia. Las aplaudo con cierta devoción. Las veo permanentemente y me alegro de su autonomía.

No son rubiecitas genuflexas ni trabajan en un canal de mucha audiencia.

Pero siempre que me entrevistan alumnos, las pongo como ejemplo.

En nuestro gremio muchos se dejan llevar por su militancia o sus compromisos económicos, religiosos o empresariales.

Ellas, en cambio, no disimulan su ánimo de mostrarse sólidas en sus conocimientos y en su entereza para preguntar y, a veces, acosar a sus entrevistados.

El dúo no va por los senderos de la agresividad verbal y las asperezas de quien tiene la ventaja de conducir el espacio.

Hace unas noches, invitaron a María Olivia Monckeberg, Premio Nacional de Periodismo.

Fue mi compañera de curso en la Pontificia Universidad Católica y les hice clases a dos de sus hijas, que transitan también por la excelencia.

Una en la Diego Portales y la otra en la UC.

Se concentra con mucho vigor en la investigación y es docente universitaria.

Trabajó en las revistas “Ercilla” y “Hoy”. Ella, en economía. Yo, en cultura, con mi maestro, Guillermo Blanco.

Después María Olivia emigró al semanario “Análisis” y al diario “La Época”. Luego a “La Nación”.

Conoció a fondo las manos de Emilio Filippi y de Abraham Santibáñez.

Combatió a la dictadura con la mejor arma que tenemos los periodistas: la palabra. Sumó la fuerza de la denuncia y la falta de miedo.

Sus libros hacen temblar a plutócratas y a poderosos.

Hurga hasta el subterráneo de los hechos, rescata antecedentes, se mete en archivos y bibliotecas, entrevista sin temores.

La paradoja: sus obras se venden muy bien y no obstante la prensa no destaca sus notables méritos ni analiza los contenidos que otros no son capaces de enfrentar.

Hay títulos que no tienen rango de olvido y se leen porque lo que ella plantea sin eufemismos no está en otros medios.

El saqueo de los grupos económicos al estado de Chile” cobra fuerza hoy, cuando la corrupción oscurece al país.

El imperio del Opus Dei en Chile” retrata la fuerza de ese grupo religioso, que se infiltra en las comunicaciones, en los bancos y en todo lo que signifique poder.

Los magnates de la prensa” presenta un panorama que no aparece casi nunca.

La trinidad de estas periodistas valientes es un gran ejemplo.