TERTULIA CON CAMERON

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Las conversaciones son la sustancia del periodismo. Ayudan a descorchar el alma, a desenterrar lo profundo de la vida, a unir y reunir capas de experiencias, tristezas y alegrías.

Las tertulias convocan a quienes sienten trazas de la literatura.

Ellas vagan por el espíritu y tienen la sensibilidad a flor de piel.

Descubren la poesía y le dan vigor a la prosa.

Son el encuentro de voces que animan o discrepan, que tienen certezas e incertidumbres.

Hace unos días nos juntamos con el poeta porteño Juan Cameron; el cronista y escritor Antonio Rojas Gómez y la bella poeta Alicia Michau.

Se integró mi condiscípulo de la infancia Evaristo Cortez Riveros, fiel compañero.

Fue un ágil pimpón de ideas, frases, sugerencias y recuerdos.

Con Rojas Gómez trabajé casi 30 años mano a mano, con vocación, amistad y rigor.

Leo “Café Cinema”, historia personal de la poesía porteña.

En la obra Cameron evoca que se vinculó a grupos literarios, junto con Juan Luis Martínez, Raúl Zurita y Waldo Bastías.

Con temperamento de izquierda, después del golpe de estado de 1973 se trasladó a Argentina hasta 1977. Luego a Suecia.

Cuando recibió los premios de la Revista de Libros de “El Mercurio” y el Municipal de Literatura de Valparaíso, volvió a Chile.

Ha publicado más de treinta poemarios.

En un tránsito entre Valparaíso y Viña del Mar suma a Osvaldo “Gitano” Rodríguez, Poni Micharvegas y Ennio Moltedo.

El aval de sus textos es el Premio Altazor en Ensayo y Escrituras de la Memoria 2014, por sus Crónicas Suecas.

Cameron escribe: “La poesía de Jesús Ortega pertenece a la promoción del 65 por temática y vinculación. Si bien por el dato cronológico de su nacimiento debiéramos ubicarlo en la generación del 50, junto a Armando Uribe Arce o/a Alberto Rubio (pero siempre más joven que todos aquellos juntos, por supuesto) su trabajo pertenece a esa línea de producción que brillara con fulgor propio en la revista "Trilce" y las demás publicaciones universitarias antes del 73. La poesía de Ortega se sitúa en las barricadas, en el grito anárquico; Aunque detrás de aquel se esconde en verdad un canto al mundo nuevo y esperanzador en pro de la solidaridad y del amor como únicas fuentes de crecimiento”.

Cameron retrata a una multitud de escritores porteños. Recuerda que a fines de 1997 la Editorial de la Universidad de Valparaíso reeditó sus “Breviarios por 20 años”, en homenaje a Pablo Neruda y “Del Valparaíso Perdido”, de Joaquín Edwards Bello y, además “Breviario de la memoria”, de Eduardo Embri Morales, quien se exilió en Inglaterra, tras el golpe militar.

Define las coordenadas de su trabajo: “Escribir es entrar al curso de una carretera de alta velocidad y tomar el ritmo de los demás vehículos. Al ingresar en el tiempo, con su premura, los hechos pasan rápidos y borrosos y se observan, en un comienzo, a todos juntos sin distinguir la distancia entre uno y otro. Y no hay señalización alguna, sino el propio recuerdo de algún vestigio recogido por la berma. Café Cinema fue muchas cosas pero, con seguridad, el verdadero punto de partida de esta historia. ¿O sería una pista de aterrizaje; de simple partida?”.

Ironiza con plagios y copias de un famoso poeta; rescata apuntes de la bohemia; celebra a los grandes escritores. Es el valor de una tertulia con Cameron y otros amantes de las letras.