POR TIERRAS ESPAÑOLAS Y FRANCESAS

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Amé sus “Confesiones Imperdonables”, en cuatro tomos, a medio tránsito de la década del 60, cuando yo me iniciaba en el periodismo.

Las perdoné muy pronto. Eran delicadas, soñadoras, vírgenes.

Ya leía su columna “Hoy” en “Las Últimas Noticias”, desde niño.

Aprendí a desentrañarlo, a buscar sus misterios, a descubrir sus juegos.

Daniel de la Vega es el único ganador de tres premios nacionales: Periodismo, Literatura y Arte, mención Teatro.

Excelente jugador de las palabras. Gran conversador de todos los días. El mejor columnista de siempre.

Poeta, cronista, dramaturgo y autor narrativo.

Nació el 30 de junio de 1892 y murió el 29 de julio de 1971.

Leo “Por Tierras Españolas y Francesas”. Crónicas seleccionadas por Juan Antonio Massone.

El prologuista dice: “Luego de que uno lee incontables notas, apostillas, aforismos y esa forma de suspiro angelado que recorre los textos suyos, tan identificables, cuando evoca, describe y apura diálogos de circunstanciales o fingidos contertulios, no se sabe si valorar más el tono de coloquio privado, la gracia de una difícil sencillez, los aportes sabrosos de la anécdota o el certero pensamiento dejado al pasar como bienvenida o al modo de mano alzada en adiós”.

Escribió en el diario desde 1922 a 1971. Mucho más allá: su columna “Hoy” sobrevivió hasta 1998, cuando un ingeniero comercial ignorante de los méritos del cronista lo sacó de las páginas.

Fernando Santiván reseña: “Vivía Daniel de la Vega una época de lírica embriaguez. Pocos escritores he conocido con amor más grande por la profesión. Amaba los versos y, al mismo tiempo, la carilla de papel en que se escribían. Lo embriagaba el ambiente literario, las charlas de café, las interminables discusiones en un cuarto de escritor bohemio, fumando en pipa detestables tabacos; las visitas a los camarines de los artistas y a los talleres de escultores, las trasnochadas deambulantes y frenéticas, las acrobacias del pensamiento”.

Escribió en innumerables revistas y diarios, durante décadas.

Hernán Díaz Arrieta, Alone, el mejor crítico literario de nuestra historia, destaca: “Improvisadas día a día, al margen de la actualidad, las crónicas de Daniel de la Vega, que todo el mundo admira, parecen muchas veces tejidas de aire y de palabras, con grandes bordados de imágenes, sutiles hilos de ironía y melancólicos flecos de ilusión sentimental”.

Acompañado del culto periodista Hugo Goldsack, lo entrevisté en su humilde casa de la villa Santa Elena, cercana hoy al estadio de Colo Colo. Fue una dulce y restauradora experiencia. Notable. Pero ya se le extraviaban algunos recuerdos.

El escritor Edmundo Concha comenta: “Para ser el cronista por excelencia, Daniel de la Vega disponía de los recursos principales: ingenio, fecundidad y estilo. Se lucía siempre. Los temas en sus manos eran lo de menos. A todos sabía sacarles brillo. Es lo que pasa siempre con el autor de talento: cualquier obra suya, extensa o breve, da en el blanco”.

Por eso cuando recorre España y Francia, su prosa es impresionista, sensible y detallada.

Releer a Daniel de la Vega es saborear el manjar de un gran estilista, noble y cercano.

En mi departamento tengo todos sus libros, un pozo de sabiduría y gratitudes.