EL REGRESO DE DON DANIEL

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Murió en 1971.

Escribió más de 50 años en “Las Últimas Noticias”.

Ganó tres Premios Nacionales: Periodismo, Literatura y Arte, mención Teatro.

No obstante, su columna se publicó hasta 1998. Entonces, un ingeniero comercial –ajeno a las excelentes decisiones periodísticas y desconocedor de los galardones del autor- lo exilió del diario.

Insólito contraste con el juicio de Byron Gigoux James, histórico director y maestro, que recomendaba a su equipo: “Cuidado con omitir a Daniel de la Vega. Su columna ‘Hoy’ es la que sostiene nuestro edificio”.

Fue el escritor que me atrapó desde niño y que admiro hasta ahora.

La gentil e inteligente Rocío Muñoz, mi ex alumna y ayudanta, me regala “Ayer y Hoy”, antología de artículos seleccionados por Luis Sánchez Latorre.

Cita: “Don Carlos Silva Vildósola, tal vez el más penetrante y sutil de los hombres de prensa de las primeras jornadas del siglo XX, observó en 1933 que Daniel de la Vega poseía la virtud no solo de retener al lector, sino de fascinarlo, anulando las posibilidades del juicio frío acerca de su obra. En su opinión, el secreto del encanto de Daniel de la Vega radicaba en la atmósfera poética en que envolvía sus escritos”.

Culto, refinado e irrenunciable lector, Sánchez Latorre añade:

También se ha registrado la presencia de Luis Taboada y de Azorín en el modo de abordar Daniel de la Vega la nota instantánea. Habría que agregar la reflexión irónica de Eca de Queiroz, el humor de Shaw, el ingenio de France, la gracia de Stendhal, la prontitud de Renard”.

Leer esta obra es una delicia. Muchas columnas son rescatadas de la serie titulada “Confesiones imperdonables”.

Son textos breves, intensos, suaves. Transitan de la nostalgia a la anécdota, delicados como una amapola, tiernos cual conquistador.

Siempre va de puntillas. Desde el retrato de Stefan Zweig a la historia de una casa, desocupado lector, la vereda de antaño, la máscara copiada, el sueño de la tarde, el tranvía, el paraíso escondido, la sombra de los días, los sombreros de paja, plazas sin suerte, las calles y sus nombres, pipa nocturna y el hombre que busca su país.

Escribe: “Cuando encontramos una errata en nuestro artículo, nos parece que hemos leído mal. Con inquietud empezamos otra vez a leer la frase, y comprobamos, horrorizados, que hay una errata, una escandalosa errata que nos rompe en dos partes la frase predilecta, aquella que trabajamos con más entusiasmo y tenacidad. La pobre frase está perdida con una palabra ajena dentro, con una palabra inesperada que le escamotea totalmente el significado. Y esto es ya irremediable. El diario ya se desparramó por la ciudad, y miles de hombres desconocidos llevan en sus manos el periódico con la traición de la errata”.

El artículo es sarcástico y doloroso, digno de transcribir completamente. Pero debemos ser breves. Como don Daniel.