¡MUY AGRADECIDO!

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

Un volcán de emociones.

Lava hirviente de sentimientos, adhesiones y estímulos.

Calor amistoso, sincero, noble.

Aplausos, besos, caricias.

Caldero de espontaneidades y afectos.

Atardece.

Centenares de personas colman la sala Máster de la Radio de la de Chile.

Es la presentación de mi libro “Acúsome, Padre: Soy periodista”. Son 72 columnas que surgen con fluidez, ilógica y entrañamiento.

Nacen de la intimidad desgarrada de mi tetraparesia de los últimos tres años, que me tiene postrado en cama, sin mover mis piernas y con mis manos atrofiadas.

Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo y editor, me propuso publicar esta obra, que lo sedujo.

En la contraportada, escribe: “La calidad de cronista de Enrique Ramírez Capello está avalada por su larga trayectoria profesional y sus centenares de escritos. Intuitivo, culto y riguroso con todo lo que observa y elucubra, sus artículos pertenecen, ya, a lo más selecto de este exigente y bello oficio de escritor de crónicas. Sin duda, uno de los más brillantes y lúcidos géneros del periodismo”.

Juan Pablo no se detiene ni oculta su generosidad: “De haberlo leído por tantos años, concluyo que hoy no debiera haber profesor de periodismo en Chile que prescinda de las crónicas de Enrique y no las recomiende como lectura obligatoria a las futuras generaciones de periodistas”.

Su reseña continúa: “Ramírez Capello ha hecho muchas cosas en su vida y se desempeñó en varios medios de comunicación, además de ejercer la docencia universitaria. Fue presidente del Colegio de Periodistas y siempre se demostró consecuente con sus ideas, cuanto irreductible en defender la libertad de expresión en los días más duros de nuestra historia nacional y profesional”.

El editor remata: “Sobre todo ello, estoy seguro de que la historia del periodismo lo reconocerá como uno de los más destacados cronistas, como una de nuestras plumas más avezadas”.

Abraham Santibáñez me presentó con inteligencia y madurez.

Destacó las cualidades humanas y las virtudes idiomáticas que se advierten en mis artículos. Con disciplina y rigor destacó mi espíritu y optimismo, a pesar de estar postrado y vivir horas en una silla de rueda y escribir con un solo dedo.

Jorge Andrés Richard puso de relieve mis condiciones de puentealtino, colocolino –lo que objetó- gardeliano, nerudiano y “cachurero”.

Fue una tarde feliz.

Como el cantante mexicano Pedro Vargas, concluyo: “¡Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido!”.