RETRATO DE ÁLVAREZ BALTIERRA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello eramirezcapello@gmail.com

Recuerdo que cuando entraba a su oficina en la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales, era todo neblina, solo humo y no lograba encontrar al director hasta que escuchaba su grave voz que me invitaba a tomar asiento. Yo, sin ser fumador, salía de su oficina con unos cuantos puchos en mis pulmones”.

Así evoca el profesor de castellano Manuel Antonio Contreras a Luis Álvarez Baltierra, recién fallecido en Temuco.

El notable periodista fumaba dos cajetillas de cigarrillos al día.

Lo conocí a fondo y con hermosa sintonía. Cuando él era Jefe de Informaciones de “Ercilla”, yo colaboraba con entrevistas y crónicas documentadas sobre deportes. Él las revisaba de manera acuciosa y las titulaba con ingenio y soltura. No se inhibía para elogiar cuando encontraba excelencia.

Titulado en la Universidad de Chile, tuvo un tránsito profesional amplio y de relieve. En esa revista escribió reportajes especialmente políticos, con mucho acierto y buen estilo interpretativo. A la caída de la Unidad Popular fue coautor de un libro crítico con Abraham Santibáñez y Francisco Castillo.

En esta hora, Iván Sandoval Fuenzalida, profesor de Redacción y lingüística, con quien compartí cátedra 22 años en la UDP, rememora: “Su gestión me pareció muy buena, especialmente por la confianza que depositaba en el quehacer académico de los profesores. Junto a Pablo Contreras y con Lucía Castellón en calidad de decana, la Escuela logró los más altos índices de aprobación, ubicándose dentro de las dos mejores escuelas de Periodismo de Chile. Como hombre: íntegro en su más amplia expresión”.

Álvarez Baltierra conformó el gran equipo de “Ercilla” que dio una excelente lección de ética al renunciar masivamente cuando se desbarató su independencia frente al gobierno militar. Todos emigraron -emigramos- y tiempo después se creó el semanario “Hoy”, dirigido por Emilio Filippi.

Abraham Santibáñez, subdirector, lo define así: “Un profesional distinguido, constructor de pautas originales, capaz de escribir crónicas políticas de fondo en los años previos al golpe militar, y también brillantes y atractivas notas de magazine, como lo hizo en revista “Ercilla”, cuando trabajamos juntos por primera vez. Pero también hay que reconocer sus cualidades como persona: amistoso, con buena llegada tanto con sus colegas como con sus alumnos.

Cuando fui profesor en la Universidad Diego Portales, Luis me apoyó con energía y generosidad. Destacó en la formación de varias generaciones de hoy brillantes profesionales.

Además, fue editor de la revista “Cosas”, a la que le dio carácter y forma.

Volvimos a colaborar juntos en otra universidad privada, con estudiantes adultos, en un plan especial. Enseñó Periodismo Interpretativo, lo que dominaba a fondo. Pero ya estaba cansado.