ADIÓS, JOSÉ MIGUEL

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

  

Era brioso, inteligente y alegre.

Transitaba por los pasillos de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica con vigor y delicadeza.

Desde temprana hora lo cautivaron la marcha de la Patria Joven, los vibrantes discursos de Eduardo Frei Montalva y las encíclicas papales renovadoras.

A medio camino de la década del 60, José Miguel Garcés Troncoso sintió su corazón atravesado por la Flecha Roja.

Fervoroso militante de la Democracia Cristiana, cuando ese partido atrapaba a las juventudes universitarias y campesinas.

Creyente de la chilenización del cobre, la Reforma Agraria y los cambios en educación.

Unió su devoción por los estudios con los afanes políticos, la capacitación doctrinaria y la fuerza ideológica.

Tuvo excelentes relaciones con sus compañeros de curso, con los que amarró amistad permanente, en muchos casos.

Ignacio González Camus, ex presidente nacional del Colegio de Periodistas, evoca que José Miguel sextasió con la belleza de la viñamarina Mariana Oyarzún Arestizábal.

El amor los unió para siempre.

El fruto fueron tres hijos: Matías Ignacio, publicista; María Paz, asistente social, y Sebastián, periodista.

Todos casados, con cuatro hijos cada uno. Con ellos totalizan doce nietos.

Sebastián fue periodista de Canal 13 de TV y hoy es el responsable de las comunicaciones de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones.

José Miguel Garcés trabajó en la Pontificia UC en el Centro Interdisciplinario de Desarrollo Urbano y Regional, donde editó la revista “Eure”.

Dejó por un tiempo el periodismo propiamente tal, porque antes fue activo redactor político del diario “La Tarde”.

Las restricciones a la libertad de expresión lo llevaron a alejarse de su profesión. Se dedicó a editar libros y revistas.

En 1979, se enfermó de una endocarditis estafilocósica, que lo dejó con secuelas irreversibles, con afasia y una hemiplejia derecha.

Mariana, su esposa, comenzó a trabajar en 1990, en el Ministerio de Minería. Allí colaboró con cuatro secretarios de Estado: Juan Hamilton, Alejandro Hales, Benjamín Teplizky y Sergio Jiménez.

Luego volvió a la ENAP, que era su empleador original. Jubiló hace cinco años y se dedicó a cuidar a José Miguel hasta el último día.

Nuestro condiscípulo en la Escuela de Periodismo y consagrado católico Fernando Flatow, recuerda que Garcés -ya enfermo- asistía a misa a la capilla Jesús, Esperanza del Mundo, en la Villa de la Universidad Católica.

La reciente muerte de José Miguel me hace reconstruir los valores de su calidad humana.

Cuando falleció Virginia, mi mamá, lo vi con emoción en la misa final, sostenido en su bastón y con su voz quebrantada.

Siempre en compañía de Mariana, unidos por el amor.

Hasta el último día.