TRES AÑOS Y UN DÍA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

  

Es mi condena.

El encierro agobiante, tembloroso, aherrojador.

La cárcel que me enclaustra desde el 21 de febrero de 2011.

Día en que fui engrillado a una cama, inhibido de caminar y con mis manos atrofiadas.

Una pena sin límites. Sentencia por una infiltración generada por intensos dolores en la escápula derecha y en el cuello.

Un desacierto y una consecuencia inesperada y cruel: tetraparesia, palabra que desconocía y que -sin embargo- ha marcado mi tránsito de los últimos tiempos.

Mutiló mi andar por el periodismo vigoroso y absorbente. Además, mis clases en las escuelas de periodismo universitarias.

Tronchó mis relaciones dinámicas, amistosas, aunque no cómplices, con mis centenares de alumnos.

Cortó mis tertulias en mesas generosas de condumios y vinos oscuros.

Limitó gravemente mis pasos por el departamento de Ramón Carnicer 5, en los aledaños de la plaza Baquedano. En el entorno con una multitud de libros, revistas y artículos de Pablo Neruda, el mayor manantial de riqueza idiomática. La vitrola con los pretéritos discos de Carlos Gardel, la voz del encantamiento, la nostalgia y la emoción.

Allí conviven con la escultura de Carlitos Chaplin, el mejor comediante de todos los tiempos, en tamaño natural. Y la de El Principito, el niño dorado que interroga, sueña, imagina.

Pude deprimirme, naufragar, quebrantarme. En esa instancia, decidí luchar. Proponer e imponer mis ganas de vivir, mis ansias de integrarme a los que me quieren y quiero. Tantos. Tantas.

Soledad, mi amada hija, se convirtió en mi gigantesco aliento frente a médicos, abogados y empresarios. Valiente, entera, briosa. Con el apoyo de mi yerno, Rodrigo Contreras. Patricia, mi hermana, y Patricio, mi cuñado, me visitan día por medio y me entregan energía y estímulo; mi hermano Claudio, su generosidad sin fronteras. Agustín y su familia, el afecto.

Mi amiga Amigo (Verónica) me aporta disciplina, dignidad y cariño. Evaristo Cortez, mi amigo de infancia y símbolo de la Promoción 61 de la Escuela Domingo Matte Mesías de Puente Alto, me acompaña todos los domingos.

Crezco con el refresco de amigos, colegas, profesores, ex alumnos y lectores. Y con mucha fe.

Me atienden profesionales de Clínica Medical Home: kinesiólogos motores y respiratorios, fonoaudiólogas, la doctora Olivia, terapeutas ocupacionales, enfermeras y Ángela S. y Karen F, mis constantes y tiernas cuidadoras.

¡Tres años y un día!

El juez no se ajustó al derecho a una vida armónica y feliz.

Estoy alegre y con ánimo, que es sinónimo de alma.

Me gustaría pararme y correr para agradecer a todos.