CRIMEN DE SEMANA SANTA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

  

Era una pía anciana.

Consagrada a la oración y el recogimiento.

Sigilosa, solo con el rumor del rosario.

Aislada en su caserón aristocrático, de arquitectura señorial de la calle Dieciocho.

Millonaria, hacía obras de caridad con los mendigos y destinaba mucho dinero a la iglesia.

Su amor a Dios lo vertía en su devoción y amistad con el cura Acuña.

Candelaria Maturana rezaba con espíritu abierto ese Viernes Santo. Confiada e inocente, abrió la puerta de su mansión. Seguramente a un conocido.

De pronto, fue asesinada. ¡Le destrozaron el cráneo!

El victimario revolvió muebles, libros y ropa en un alboroto desacertado.

Robó fajos de billetes y quedaron rastros de una búsqueda sin frenos. Los investigadores advertirían que el objetivo principal era su testamento.

Crimen de Semana Santa” es la nueva novela de Antonio Rojas Gómez, de vasta y muy notable andadura periodística. Profesión que engarza con el arte de la literatura, en la que sus dominios son relevantes.

La prosa es despierta, dentro de una sencillez atrapadora.

La perspectiva de la narración tiene a dos personajes esenciales: Mauricio Mandiola, policía a cargo de las diligencias, y el joven y acucioso reportero Pepe Ortega.

Ambos se concentran en sacarle las entrañas al enigma.

Rojas Gómez rescata anécdotas, personajes y añoranzas de pretéritos diarios sensacionalistas.

Allí reasoma el Fresco Romero, Jefe de Crónica casi legendario. Astuto, ingenioso, rápido. Sin miramientos, corrupto, ajeno a los códigos de ética. No tiene mesura para inventar en vez de investigar.

Pero Ortega prefiere el análisis y la observación responsable de detalles. Del mismo modo lo hace el detective Mandiola.

Avanzan paso a paso, por laberintos que capturan al lector en la búsqueda del criminal.

Muchos antecedentes lo ponen rumbo a la iglesia. Fruto de su mirada siempre atenta descubren que un representante de la institución católica se camufla de madrugada para visitar un prostíbulo. Esta ruptura de esquema quebranta los principios religiosos y pone en riesgo la fe en el entorno de la anciana.

Las sospechas se acrecientan. Las pistas parecen ir inevitablemente por un cauce.

Antonio Rojas Gómez aprovecha sus habilidades de periodista y escritor muy premiado para rearmar las características de un diario con sus altibajos. Incluso rescata a Vicente Cabeza de León como el enviado del Fresco Romero con un par de páginas impresas en las que denuncia a algún narcotraficante. “Lo más caro es lo que no se publica”, sentencia. Es su amenaza para autocensurarse a cambio de coimas.

Pasan los años: el detective y el periodista recapitulan su ejercicio profesional con sus estables y nuevos amores, en cada caso.

La obra camina por senderos sorprendentes.

El epílogo es novedoso. Sería una grave indiscreción anticiparlo y desbaratar la lectura de “Crimen de Semana Santa”.