Chile: Una Gran Cancha.

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

  

La bandera flamea en el Morro de Arica.

La agitan los pescadores de Iquique.

El vientecillo sopla en los pueblos altiplánicos.

El rumor de la alegría corre por la aridez del desierto mayor.

Los puertos se estremecen con el delirio del triunfo sobre Ecuador.

Copiapó es más cálido con el vociferante temblor de la victoria.

La Serena olvida su sosiego y las campanas de las iglesias repican con casi sagrado gozo.

La arquitectura de la ciudad se llena de desfiles callejeros que interrumpen la paz clásica.

Viña del Mar desdibuja su paisaje de postal y se inunda de gargantas desgarradas casi a medianoche.

Valparaíso y sus 42 cerros son el paisaje de Camilo Mori, Joaquín Edwards Bello, Pablo Neruda y Salvador Reyes. Casas policolores, de las que cuelgan calzoncillos, sábanas y camisetas como banderas del puerto. Los botes lucen guirnaldas y tripulantes eufóricos.

Santiago es un terremoto de emociones. La plaza Baquedano es el epicentro de la cancha llamada Chile. Las comunas no duermen. La clasificación une, engarza, ata. Por muchas horas se olvidan los nombres de los nueve candidatos a la Presidencia y se nublan las diferencias políticas.

El fútbol es una marihuana colectiva. Todos los pechos lucen la camiseta roja y la embriaguez del próximo viaje al Mundial de Brasil es éxtasis.

Rancagua es una batalla de ilusiones y ya nunca más el desastre.

Curicó va desde la plaza histórica a los campos y playas en un solo grito.

Talca se levanta entre sus casas devastadas por el sismo del 27 de febrero de 2010.

Chillán juega en el mercado y las oraciones agradecen en su Catedral.

Concepción es un estruendo en la ciudad universitaria, en las minas y las playas, en los barrios multitudinarios.

Temuco olvida el esmog y se asocia al 2 a 1 sobre Ecuador.

Valdivia es un encanto y canto en el río Calle Calle, en Niebla y en Corral.

Osorno es sinónimo de jolgorio.

Puerto Varas agiganta toda su belleza arquitectónica, su lago y sus volcanes.

El Archipiélago de Chiloé se une desde la remota geografía, bajo las lluvias y los mitos.

Aisén y toda la zona austral extienden la cancha con afán y triunfalismo.

En la Antártida se unen en un abrazo cálido en la noche en que Chile fue solo una cancha.