HOMERO, SIEMPRE EL PRIMERO

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

  

Soy chileno quechua. Me amantaron mi madre abandonada y unas cabras de la pampa. Anduve entre muchos cerros, oficinas salitreras y el desierto…”.

Con sus lentes a medio caer, recio y enhiesto, con rostro tostado por el sol del norte. Rodeado de miles de papeles con apuntes, cartas, recortes y fichas literarias. Pergeñaba crónicas, artículos y ensayos en su vieja máquina Underwood, y las teclas temblaban bajo sus manos briosas. Una ampolleta alumbraba a medias la sala de Redacción del diario. En su vecindad, Luis Sánchez Latorre, crítico literario y su mayor discípulo, irónico en sus comentarios orales y escritos. Él retrataba a su maestro con admiración, conocimiento y brillante estilo. Al otro lado, yo, flacuchento egresado de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica, seguidor y apóstol de ambos.

Fue la escenografía de los años 60, 70 y 80. Pero todo volvió a mis sueños anoche, tal como lo narro. Ellos ya no están, mas los evoco con simpatía y devoción.

La memoria se parece mucho a lo que “apareció” mientras dormía.

El gran escritor y periodista Homero Bascuñán –autor de “La rebelión de los árboles” y de la selección “De los días perdidos”- contaba esta anécdota: Pasó su infancia en la pampa, en las calicheras. Trabajo rudo, ajeno a la escuela.

Él –simplemente Humberto Cortés en el Registro Civil- estudió un año. O menos.

Inquieto y múltiple, aprendió a leer en su hogar. Les compraba libros a vendedores que llegaban en carromatos al desierto. Incisivo y curioso, un día le preguntó a su joven profesor: ¿cuál es el plural de crisis?

El casi improvisado maestro titubeó. Y dio una respuesta a medias:

-Creo que crisisis, pero no estoy seguro. Voy a averiguar en un libro que tengo en la casa.

Al día siguiente confirmó: -Sí, es plural es crisisis, pero no se usa porque la única crisis que ha habido es ésta… la del salitre.

El niño prefirió retirarse. Tuvo mil oficios: panadero, circense, obrero textil. Pero se consagró como escritor, payador y periodista. Su biblioteca –en una sencilla casa de Quinta Normal- llegó a tener más de 40 mil volúmenes.

Mereció, sin apelación de duda, el Premio Nacional de Periodismo.

Sin embargo, los burócratas del estado y de las universidades siempre lo postergaron, muy injustamente. Aunque Homero fue premiado por la Academia Chilena de la Lengua por su excelencia idiomática.

Como decía un visitante asiduo al diario: “Homero, siempre el primero”.