¿ÉTICA PERIODÍSTICA? JA, JA, JA

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

  

Abraham Santibáñez vive en estado de ética.

La practica en su ejercicio profesional y en sus clases universitarias. La estudia en sus ensayos frecuentes. La investiga en sus libros de estructura mayor.

Pone el catalejo en su mirada panorámica a la realidad nacional y a los casos externos. Y el catacerca en la observación minuciosa, prolija y lúcida.

Profesor de Escuelas de Periodismo en largas etapas, dictó cátedras que guiaron a multitud de alumnos en una formación sólida, reflexiva y coherente. En las revistas “La Voz”, “Ercilla”, “Hoy” y en los diarios “La Época” y “La Nación” planteó y exigió rigurosidad en los hechos y contextos, respeto por el honor y la honra, exactitud y pluralidad de fuente, confirmación de datos y enfoques serios. Sensacionales y no sensacionalistas, como decía Emilio Filippi, a quien reconoce como maestro.

Ha integrado El Tribunal Nacional de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas. Además, El Consejo de Ética de los Medios de Comunicación de Chile. Es miembro del Consejo acreditador de la Sociedad Interamericana de Prensa (CLAEP), con sede en Buenos Aires.

Recibió el premio Alejandro Silva de la Fuente de la Academia Chilena de la Lengua y el premio Embotelladora Andina -con un jurado que integraban directores de cuatro Escuelas de Periodismo, el presidente de la Orden, el ganador anterior, el Premio Nacional de Periodismo y dos representantes de la empresa- por su relevante trayectoria periodística.

Sus obras son metódicas, exhaustiva y pulcras.

Los adjetivos valen para su nueva obra: ¿Ética Periodística? ¡Ja, Ja, Ja!

El titulo se origina en el comentario de un lector muy escéptico en el blog de “El Mercurio”.

Santibáñez, en cambio, es crédulo y devoto. Lo intenta y consigue en su excelente trabajo, publicado por Bravo y Allende Editores.

Como siempre, es admirador de Woodward y Bernstein, entonces - 1972- jóvenes reporteros de “The Washington Post”, quienes descubrieron el caso Watergate. Desde un pequeño par de datos llegaron a desentrañar una bomba noticiosa, que significó la caída del Presidente Richard Nixon. De allí el autor deriva al caso Spiniak, empresario pedófilo y corrupto, que generó interpretaciones periodísticas que lesionaron la ética e implicaron falsamente a parlamentarios.

Un capítulo de novedoso interés trata de los desafíos éticos en tiempos de Internet. La tecnología ha permitido el mal uso de minicámaras ocultas, invasivas y atropelladoras de la intimidad.

Santibáñez proclama la autorregulación y aplaude al Defensor del Lector, que tienen algunos diarios internacionales y nacionales.

Su libro es una contundente respuesta al escéptico lector