RECETAS PARA LA BUENA SALUD

Columnista invitado: Enrique Ramírez Capello
eramirezcapello@gmail.com

 

Daniel de la Vega, único ganador del Premio Nacional de Periodismo, de Literatura y de Arte sentencia: “Cuando encontramos una errata en nuestro artículo, nos parece que hemos leído mal. Con inquietud empezamos otra vez a leer la frase, y comprobamos -horrorizados- que hay una errata, una escandalosa errata que nos rompe en dos partes la frase predilecta, aquélla que trabajamos con amorosa tenacidad. Está perdida, la pobre, con palabra ajena dentro, con una palabra ajena que le escamotea totalmente el significado”.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez confesó el 28 de marzo de 1994: “Soy un obseso de las erratas. Leo hasta las últimas pruebas de imprenta. Soy en eso un perfeccionista. Si no me quitan el libro de las manos, lo corregiría eternamente”.

No obstante, su compatriota Roberto Cadavid, Argos, cazador de gazapos, encontró más de 40 disparates gramaticales, históricos, geográficos y de léxico en “El general en su laberinto”. En su crónica titulada “En Chile como en Chicago” (Notas de Prensa 1980-1984, editorial Sudamericana) el colombiano escribió: “Calama es un pueblo remoto de la provincia de Arica, en medio del desierto desolado de Acatama y a unos 300 kilómetros de Santiago de Chile”. El ganador del Premio Nobel de Literatura aún es feliz… e indocumentado.

De mi Manual de Redacción transcribo algunas recetas.

Escriba de lo que sabe.

Pida explicaciones claras, oportunas, sintéticas y documentadas a los responsables directos de sus textos.

Si no es especialista en el tema, no intente parecerlo. Siempre escriba de lo que tiene certeza e información. Si no es así, pídala a quien corresponda. Exija y garantice precisiones.

Redacte de manera clara, sencilla, natural y directa, de acuerdo con las normas del castellano culto formal que predomina en Chile. Adáptese a la globalización. Pero no renuncie a la espontaneidad. No confíe excesivamente en el corrector ortográfico de su computadora. Usted piensa; ella, no.

Revise si la puntuación es adecuada. Los estudios rigurosos recomiendan escribir párrafos breves, de menos de 12 o 15 palabras. No ponga en riesgo la comprensión.

Emplee palabras cortas y básicas. Evite las repeticiones. Use un lenguaje concreto.

Puntualice lo esencial y olvide lo secundario o superfluo. Elimine las expresiones vacías.

Sustituya o suprima adjetivos que no aportan.

Revise prolijamente antes de entregar su texto.

Explique las estadísticas de manera retenible y fácil. Que no ofenda al especialista ni que resulte incomprensible al profano.

Verifique las identidades (nombres completos) y los cargos (sin confusiones de ninguna especie y siempre actualizados).

Conozca el sentido de la oportunidad y de la extensión.

Lea en voz alta y revise minuciosamente.

Trabaje con datos confirmados. Sintetice y acentúe el conocimiento de un hecho.

Piense en el lector de su texto y ayúdele a comprender.

Capte el interés y comience con los hechos principales. Use frases cortas y directas.

Que su texto implique novedad.

Responda sintéticamente a seis preguntas: qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué.

Si es necesario, incluya para qué. Piense jerárquicamente en su orden de las ideas o revise antes de entregar o publicar. No olvide el consejo de Azorín: “Corregir, corregir, corregir”.

Son recetas para la buena salud … idiomática.